domingo, 15 de septiembre de 2013

Obispos Católicos de Cuba reclaman cambios políticos


www.iglesiacubana.org

La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba publicó este domingo una Carta Pastoral leída en todos los templos del país en que analiza la situación económica, política y social del país y pide al gobierno cambios políticos que estén en sintonía con las reformas económicas emprendidas.

A continuación el texto de la pastoral titulada La Esperanza no defrauda, que está publicada en el sitio oficial de la conferencia. www.iglesiacubana.org.

C.O.C.C.
CONFERENCIA DE OBISPOS CATÓLICOS DE CUBA
Calle 26 N° 314 e/ 3ra. y 5ta. Ave. Playa. C.P. 11300. Ciudad de La Habana. Cuba.
Apartado Postal 635

CARTA PASTORAL DE LOS OBISPOS CATÓLICOS DE CUBA

"LA ESPERANZA NO DEFRAUDA"

Romanos 5,5
Saludo inicial
1. Queridos hermanos y hermanas: los obispos de Cuba, dentro de la celebración del
Año de la Fe, nos dirigimos a ustedes sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, a
los fieles laicos y a todos los cubanos, con el propósito de compartir esta Carta
Pastoral que desea aumentar en nuestros corazones la esperanza que debe animar
a cada persona y a cada pueblo. Esta invitación a la esperanza parte de nuestra fe
cristiana, de la buena voluntad y de la necesidad y el deber de buscar entre los
cubanos un futuro mejor para todos.

La Virgen de la Caridad nos abre un camino de esperanza
2. Al dirigirnos a ustedes en esta ocasión tenemos motivos para estar alegres y
confiados en el Señor, pues en esta búsqueda y siembra de esperanza contamos
con la presencia maternal y convocante de nuestra Patrona, la Virgen María de la
Caridad del Cobre. Todavía permanece vivo en nuestra memoria el gozo que hemos
experimentado al celebrar, en el pasado 2012, el Año Jubilar por los 400 años del
hallazgo y presencia de su bendita imagen en medio de nuestro pueblo. Ella quiso
permanecer entre nosotros como Madre de la Caridad y Madre de los cubanos. A
esta celebración fueron invitados todos sus hijos, también los dispersos por el
mundo, que se unieron a ella de diversas maneras.

3. Con el lema "A Jesús por María, la Caridad nos une", la Virgen María de la Caridad
una vez más nos unió, pues a lo largo de cuatro siglos "los cubanos nos hemos
encontrado siempre juntos, sin distinción de razas, clases u opiniones, en un mismo
camino: el camino que lleva a El Cobre" 1.2

4. Nunca fue más cierta esa unidad en la Caridad que en las pequeñas, grandes y
hasta multitudinarias procesiones y peregrinaciones de cubanos que acompañaron la
venerada imagen de la Virgen Mambisa en su recorrido por toda la geografía insular.
Allí se encontraban el sacerdote y el ingeniero, el militar y el civil, el policía y el
recluso, el niño y el anciano, el campesino y el de la ciudad, el católico y el que
practica otras creencias religiosas, el funcionario del gobierno y el que se considera
opositor, la embarazada y la madre que perdió a su hijo, el que reside en Cuba y el
que vive fuera, y muchos volvieron a hablarse, e incluso abrazarse y reconciliarse
después de años de estar disgustados y distanciados.

5. Nuestra Madre de la Caridad nos acogió a todos y nos cobijó con su manto, recogió
las plegarias dichas a viva voz y las que quedaron en el silencio del alma, y todas las
presentó a su Hijo Jesucristo. Al igual que hizo el apóstol san Juan al pie de la Cruz,
también nosotros la hemos acogido a ella, como madre, en nuestro corazón y en
nuestra casa (Jn. 19,27).

La visita de dos Papas marca nuestra historia con un signo de esperanza
6. Otros dos acontecimientos de profundo sentido religioso han marcado nuestra
historia reciente con el signo de la esperanza. En menos de quince años tuvimos la
oportunidad de ser visitados por dos Papas. El primero fue el beato Juan Pablo II,
tan cercano a nuestra Patria e Iglesia, a las que guardaba de modo especial en su
corazón y siempre anheló visitar.

7. Juan Pablo II llegaba a Cuba en los momentos todavía difíciles del llamado “período
especial”, en medio de la desesperanza ciudadana ante un futuro incierto y el
creciente desencanto por una propuesta ideológica que, en sus vertientes
económicas y sociales pareció ser la solución de todos los males, pero que
empezaba a ser cuestionada, en mayor o menor grado, por la población. A su vez,
se comenzaba a dar marcha atrás a las tímidas reformas socioeconómicas iniciadas
poco antes, por lo que muchos cubanos volvieron a buscar la solución a su
desesperanza en una emigración que los llevara a otras tierras.

8. En medio de esta realidad, al iniciarse el año 1998, el Papa Juan Pablo II vino como
“Mensajero de la Verdad y la Esperanza” a confirmar a los católicos en la fe, a
proponer la Verdad inmutable de Jesucristo, a invitarnos a poner nuestra confianza
en el Dios que no defrauda, y sin el cual poco podemos hacer (cf. Jn.15,5) y a
exhortarnos a buscar entre todos, partiendo de nuestras raíces cristianas, soluciones
que hicieran despertar en los cubanos la Esperanza.

9. La presencia frágil del Santo Padre, ya enfermo, y su palabra enérgica se ganaron
un espacio en el corazón de los cubanos. El alma cubana y la Iglesia que está en
Cuba no fueron las mismas después de aquella memorable visita. Aquel vibrante
llamado suyo: “No tengan miedo de abrir sus corazones a Cristo, dejen que Él entre
en sus vidas, en sus familias, en la sociedad, para que así todo sea renovado"2,
estremeció el alma de los cubanos y, como efecto de su visita, no sólo recuperamos
el feriado de la Navidad, sino que muchos desempolvaron la memoria religiosa por
un tiempo adormecida o escondida y no pocos descubrieron, y otros redescubrieron,
la Verdad que no cambia, que no viene de hombre alguno porque es de Dios y un
buen número de cubanos comenzó a sentir sed de lo realmente espiritual, la
necesidad de acercarse a la fe y a recibir los sacramentos de la Iglesia.3

10. Y como si Dios quisiera insistir en su amor por este pueblo, trece años después nos
visitó el hoy papa emérito Benedicto XVI. Un papa que viajaba poco por motivos de
edad hizo la opción de incluirnos en uno de los últimos viajes de su pontificado. Esto
no lo olvidamos los cubanos, pues él quiso acompañarnos como “Peregrino de la
Caridad” en el Año Jubilar Mariano que celebramos en 2012. Como lo hemos hecho
millones de cubanos en cuatro siglos, Benedicto XVI se arrodilló como un hijo más
ante la imagen bendita de nuestra Madre de El Cobre y, como el buen pastor que
ama a sus ovejas, confió a María el futuro de nuestra Patria "para que avance por
caminos de renovación y esperanza, para el mayor bien de todos los cubanos”3. A
Ella presentó también "las necesidades de los que sufren, de los que están privados
de libertad, separados de sus seres queridos ... de los jóvenes, de los descendientes
de aquellos que llegaron aquí desde África ... de los campesinos”4. Y nos prometió
que continuaría "rezando fervientemente" para que sigamos caminando hacia
adelante "y Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos, donde convivan la
justicia y la libertad, en un clima de serena fraternidad”5.

La palabra divina y humana de la Iglesia anima nuestra esperanza
11. Juan Pablo II y Benedicto XVI evidenciaron no sólo la dimensión religiosa, sino
también la dimensión humana y social de la misión evangelizadora de la Iglesia.
Ambos se refirieron a la realidad espiritual y social de los cubanos en la hora
presente y de cara al futuro. La Iglesia de Cristo no puede quedarse encerrada en sí
misma y satisfecha con atender sólo a quienes la conforman. Juan Pablo II nos
había dicho: "El servicio al hombre es el camino de la Iglesia"6 y este servicio al
hombre lo brinda la Iglesia sin distinción de personas por su religión, raza, edad,
sexo, condición social o pensamiento político.

12. La Iglesia, pues, existe para hacer presente e inolvidable a Jesucristo, anunciar su
Evangelio y servir de este modo a la humanidad. Juan Pablo II, en su discurso al
llegar a Cuba, expresó su "convicción profunda de que el mensaje del Evangelio
conduce al amor, a la entrega, al sacrificio y al perdón, de modo que si un pueblo
recorre ese camino es un pueblo con esperanza de un futuro mejor”7. Nos invitó a
construir ese futuro "guiados por la luz de la fe, con el vigor de la esperanza y la
generosidad del amor fraterno", para lograr así "un ambiente de mayor libertad y
pluralismo"8. De modo semejante Benedicto XVI hizo un llamado a los cubanos “para
que den nuevo vigor a su fe, para que vivan de Cristo y para Cristo, y con las armas
de la paz, el perdón y la comprensión, luchen por construir una sociedad abierta y
renovada, una sociedad mejor, más digna del hombre, que refleje más la bondad de
Dios”9.

13. No hay otro modo de ser y hacer Iglesia, también aquí en nuestra Patria, donde el
Señor nos llama a consagrarnos a Él anunciando el Evangelio y sirviéndolo en cada
uno de nuestros hermanos. Es así como, al observar la realidad que vivimos, al
escuchar y sentir en nosotros los anhelos, las esperanzas y las frustraciones de los
hijos de Dios en esta tierra, con la confianza puesta en el Señor y alentados por el
amor de Nuestra Madre de El Cobre, los obispos estamos presentando a nuestros
fieles y a todos los cubanos este mensaje.4

El común destino de los bienes materiales y la libertad son fuentes de esperanza
14. Entre las diferentes opciones que se presentan en la búsqueda del bien común la
Iglesia opta por aquella que defiende y promueve la libertad responsable del hombre.
"Resulta conmovedor –en palabras del papa Benedicto XVI– ver cómo Dios no sólo
respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla"10. En efecto, la libertad es
un don precioso que Dios regala al ser humano, que ha sido creado varón y hembra,
a imagen y semejanza de Dios, "para ser fecundos y multiplicarse, dominar los peces
del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven en la tierra" (cfr. Gén.
1,27-28). Toda la humanidad, y en ella nosotros cubanos, estamos llamados a
disfrutar de aquella libertad querida por Dios que permite al hombre obtener para sí y
su familia los frutos de un trabajo digno y participar de las decisiones que le afectan
en su futuro personal, familiar y social.

15. Sin embargo, no basta con eso, ya que el mismo relato de la Creación nos habla del
destino universal de los bienes. Dios quiere también que el hombre viva
responsablemente esa libertad. En la narración bíblica, cargada de simbolismo, del
asesinato de Abel a manos de su hermano Caín, como consecuencia de celos y
envidias de este último, el asesino se esconde e intenta ocultarse de Dios que le
pregunta por el crimen: “¿Dónde está tu hermano?”, y Caín le da una respuesta falsa
e irresponsable: "No lo sé. ¿Acaso soy yo guardián de mi hermano?" (Gén. 4, 9).
Esto nos enseña que la libertad del hombre tiene un límite, no puede el ser humano
buscar su propio bien olvidando o aun despreciando u oprimiendo a su hermano. Por
eso Jesús, quien entregó su vida por nosotros, nos manda encarecidamente:
"Ámense unos a otros como Yo los he amado" (Jn. 15, 12).

16. Si nuestro modo de ver la vida está realmente fundado en la fe cristiana o, sin tener
esa fe, respetamos a los demás y queremos crecer en humanidad, entonces “yo sí
debo ser responsable de mi hermano”. Tener en cuenta al otro, ayudándolo, ése es
uno de los límites esenciales de mi libertad. El "sálvese quien pueda" y el "yo soy
libre de hacer lo que quiero" no es la libertad de los hijos de Dios. Sin embargo, el
egoísmo humano puede expresarse de variadas maneras, a veces aparentemente
contradictorias. La estructuración y organización de las sociedades y gobiernos,
tanto ayer como hoy, pueden generar grupos de poder que no siempre representan a
todos y no se interesan por aquellos que están fuera de su círculo de pertenencia.
Estos grupos anteponen sus intereses a los de sus semejantes, a quienes llegan a
ignorar, e incluso, aniquilar socialmente.

17. Lo dicho en el párrafo anterior evidencia un egoísmo colectivo que será siempre un
crimen escandaloso ante Dios, quien sigue demandando una respuesta a los
egoísmos individuales y colectivos de hoy: "¿Qué has hecho? La voz de la sangre de
tu hermano clama a mí desde la tierra" (Gén. 4,10). Todos debemos ser
responsables los unos de los otros y compartir, aquí y ahora, un espacio, un tiempo y
un destino común. Nadie puede reclamar libertad para sí y negarla a otros, o
procurar el propio bien y desinteresarse del ajeno. La libertad que Dios concibe para
el hombre es una libertad responsable por la vida y el destino de quienes están a
nuestro lado. Sí, ¡somos los guardianes de nuestros hermanos!5

18. El Gobierno, por otra parte, tiene la obligación de procurar el bien de todos los
ciudadanos y la mejor manera de lograrlo es teniendo en cuenta los justos intereses
de cada grupo humano o región que compone nuestra sociedad. Un gobierno
responsable del destino común de los ciudadanos debe compartir también su
responsabilidad de cuidar de todos con ellos mismos. Así se evita el paternalismo
estatal. Este es, también, el mejor modo de evitar la inercia social que posibilita, en
muchos, la respuesta irresponsable de Caín: “no tengo nada que ver con mi
hermano”.

19. El Estado participativo debe sustituir definitivamente al estado paternalista. No se
debe temer al desarrollo de una autonomía social fuerte y responsable, potenciada
desde la base y de acuerdo con las normas de la convivencia civilizada, capaz de
desarrollar un trabajo fraterno, según los grupos de interés y las necesidades
específicas que unen y animan a diversos grupos humanos en la búsqueda de
soluciones propias, sin necesidad de esperar las respuestas y soluciones desde
arriba. Esto es lo que la Doctrina Social de la Iglesia llama principio de subsidiaridad
y es, en sí mismo, uno de los fundamentos de una sociedad abierta y solidaria.

Los cambios alientan la esperanza de nuestro pueblo
20. Cuba ha cambiado en los últimos años. El presente no se parece a los años
pasados. Tampoco los cubanos de hoy somos iguales a los cubanos de veinte o
cuarenta años atrás. Es normal que así sea. Tomando como parámetros algunos
hechos históricos vemos que la carta pastoral de los obispos de Cuba "El amor todo
lo espera", publicada en 1993, contenía varias solicitudes, de las cuales algunas de
ellas ya se han alcanzado y otras están aún pendientes. Una nueva generación de
cubanos, nacida en estas últimas décadas, tiene su propia interpretación de nuestra
realidad, con sus aspiraciones e intereses propios, diferentes de los que tuvieron sus
antecesores. Esta generación vive con el firme deseo de que no sólo el presente sea
mejor que el pasado, sino que el futuro sea mejor que el presente.

21. Se ha abierto así una etapa de nuestra historia que comienza a mostrar nuevas
posibilidades cuando se ponen en práctica en el país un conjunto de medidas que
inciden en el entorno económico, social y, hasta cierto punto, político. En las
reformas incipientes que se inician vemos ya un reflejo claro, aunque aún
incompleto, de demandas largamente anheladas por la población cubana. Somos
testigos de algunos cambios, por ejemplo: el retorno de las escuelas secundarias e
institutos preuniversitarios a las ciudades, que acerca a los adolescentes y jóvenes a
sus familias, la puesta en libertad de presos por sus ideas políticas y otras causas, el
usufructo de tierras para el cultivo, la eliminación de ciertas medidas restrictivas que
atentaban contra la dignidad de los ciudadanos por ser limitaciones impuestas a la
libertad misma de los cubanos, como son las prohibiciones de hospedarse en los
hoteles, de crear una pequeña empresa privada o familiar, vender y comprar
propiedades o viajar al exterior, etc.6

22. Los obispos de Cuba queremos ver en todo esto, tal como expresamos en la Carta
Pastoral antes citada y cuyo vigésimo aniversario estamos conmemorando, el inicio
de un proceso de reformas siempre más amplias en bien de la población y de las
nuevas generaciones de cubanos. Confiados en el Señor esperamos que estas
reformas, al igual que otras acciones que consideramos necesarias, lleguen
ciertamente a alcanzarse, pues experimentamos apremio en la ciudadanía con
respecto a esas aspiraciones, ya que en ello tienen puestas sus esperanzas muchos
de nuestros conciudadanos. La mejor herencia que podemos dejar a las
generaciones futuras es, precisamente, trabajar por lograr un presente mejor.

23. La urgencia de estos cambios encuentra su fundamento en una experiencia vivida
desde las limitaciones, la escasez, la falta de progreso personal o familiar de no
pocos cubanos, quienes sienten que la vida se acaba con el paso de los años sin
poder concretar las aspiraciones propias de todo ser humano y familia. Entre los más
jóvenes hay muchos que no vislumbran aún las condiciones para realizar su
proyecto de vida, sobre los cuales incide, con gran atracción, la posibilidad de
encontrarlo en otros países.

24. Es comprensible que existan resistencias internas a cualquier cambio, y no es difícil
constatarlo porque los cambios siempre crean incertidumbre respecto al futuro. Esta
resistencia se debe también a una mentalidad, o modo de pensar, sustentada en los
factores ideológicos que estuvieron en su origen y desarrollo, que se han prolongado
en el tiempo sin tener en cuenta que nuestra realidad ha evolucionado y, por ello,
actualmente no pocos advierten los aspectos que resultan obsoletos y no viables de
esa visión estática de la realidad.

Para que se afiance la esperanza debemos superar nuestra pobreza
25. En nuestro continuo andar por las comunidades parroquiales y casas de misión se
hace presente dolorosamente a nuestros ojos, como cubanos y como pastores, la
pobreza tan extendida todavía en nuestro país. Es la pobreza material, producto de
salarios que no alcanzan para sostener dignamente a la familia, así como otras
formas de pobreza que afectan a las personas más vulnerables y desamparadas, aun
cuando existe una preocupación social por atender a quienes afrontan esta situación.

26. En Cuba, además, a este tipo de pobreza, debemos añadir la de algunos grupos
sociales que normalmente no deberían sufrirla, entre otros, la pobreza material del
ingeniero y del trabajador de la cooperativa agrícola, del médico o la maestra, del
deportista que da gloria a su patria, o la del pescador cuyo trabajo ingresa divisas al
país.

27. Estos mismos hombres y mujeres que experimentan limitaciones económicas son,
con toda razón, por su nivel de instrucción y deseos de mejorar su propia vida y la
del país, los que más pueden ayudar a eliminar la pobreza. A pesar de sus dificultades
económicas Cuba tiene una tradición histórica de recuperación y unos cimientos
científico-técnicos sobre los cuales pueden edificarse las reformas que el país
necesita.
7
28. Esto último, que se conoce como capital humano, es altamente apreciado en el
mundo moderno y ha estado, desde tiempo atrás, en espera de una oportunidad
para desarrollar y poner al servicio propio y de la sociedad la incalculable
potencialidad de los conocimientos adquiridos en nuestras escuelas y universidades.
Con la falta de oportunidades y la emigración se ha perdido mucho y se sigue
perdiendo esa riqueza que está llamada a multiplicarse en Cuba. Todo plan de
reforma debe contar con esta riqueza humana que también ha costado y cuesta
recursos a la nación.

La realización personal es necesaria para la esperanza
29. Cualquier proyecto social debe abrir espacios para los proyectos de vida personal y
familiar de los ciudadanos y deben armonizarse mutuamente. Al no haber
correspondencia entre el proyecto social y el personal se genera la frustración, y éste
es uno de los factores que potencian el deseo de emigrar, sobre todo, entre los jóvenes.

30. En el “Amor todo lo espera” indicábamos que “más que medidas coyunturales de
emergencia, se hace imprescindible un proyecto económico de contornos definidos,
capaz de inspirar y movilizar las energías de todo el pueblo”11. Las aspiraciones de
superación personal deben ser alentadas para lograr así una sociedad civil vigorosa
que será siempre un bien necesario para todo país que aspire a una sana
prosperidad social y económica, sostenida por sólidos pilares morales y espirituales.
Sólo un contexto humano personalizado puede presentar los valores y desarrollar las
virtudes que tanto reclama y necesita nuestra sociedad.

Las esperanzas de un futuro mejor incluyen también un nuevo orden político
31. Como ha venido ocurriendo en el aspecto económico, creemos imprescindible en
nuestra realidad cubana una actualización o puesta al día de la legislación nacional
en el orden político. Desde hace algún tiempo han surgido incipientes espacios de
debate y discusión en diferentes instancias y ambientes, en ocasiones creados por
los mismos ciudadanos: intelectuales, jóvenes y otros que, desde la base, han
expresado de distintos modos su visión de los cambios necesarios en Cuba con
opiniones y propuestas serias y diversas.

32. Esto indica que Cuba está llamada a ser una sociedad plural, siendo la suma de
muchas realidades cubanas o, en otras palabras, Cuba es la nación de todos los
cubanos, con sus diferencias y aspiraciones, aunque no siempre haya sucedido así.
Debe haber derecho a la diversidad con respecto al pensamiento, a la creatividad, a
la búsqueda de la verdad. De la diversidad surge la necesidad del diálogo.

El diálogo entre cubanos abre un camino de esperanza
33. Así como los obispos lo hemos expresado en repetidas ocasiones a lo largo de las
últimas décadas, el diálogo entre los diversos grupos que componen nuestra sociedad
es el único camino para lograr y sostener las transformaciones sociales que tienen
lugar en Cuba, pues el diálogo siempre es enriquecedor porque brinda posibilidades
de aportar nuevas ideas y soluciones a los problemas o conflictos que se afrontan.8

34. Como lo ha indicado el Papa Francisco en su reciente visita a Brasil: “Cuando los
líderes de diferentes sectores me piden un consejo, mi respuesta es siempre la
misma: diálogo, diálogo, diálogo. El único modo de que una persona, una familia,
una sociedad, crezca; la única manera de que la vida de los pueblos avance es la
cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que
aportar, y todos pueden recibir algo bueno a cambio”12. En el pasado reciente, la
acción mediadora de la Iglesia, que condujo a la excarcelación de decenas de
presos, es signo de que es posible este camino en nuestra patria, lo cual debería
extenderse también a otros sectores y grupos de la nación.

Cuba en el concierto de naciones: motivos de esperanza.
35. En los últimos años también ha habido grandes transformaciones en otras naciones,
de modo particular en nuestra región latinoamericana. En un mundo cada vez más
globalizado e interdependiente, las necesarias reformas internas, tanto políticas
como económicas, pueden ayudar a insertarnos de manera más dinámica y segura
en el contexto internacional. Cabe citar aquí las acertadas palabras del beato Juan
Pablo II, dichas minutos antes de concluir su viaje a nuestra patria: "En nuestros días
ninguna nación puede vivir sola. Por eso, el pueblo cubano no puede verse privado
de los vínculos con los otros pueblos, que son necesarios para el desarrollo
económico, social y cultural” 13.

36. Es de resaltar el cambio operado en la política exterior de nuestro país orientada
actualmente hacia América Latina, que nos es más cercana y semejante. Sin
embargo, estas relaciones no se limitan ni pueden limitarse a la región
latinoamericana. En este contexto de política internacional se hace necesario
considerar las relaciones de Cuba con los Estados Unidos, que durante largas
décadas, de diverso modo y de manera constante y profunda, han afectado la vida
de nuestro pueblo. A esto se refirió el beato Juan Pablo II al decir que “el aislamiento
provocado repercute de manera indiscriminada en la población, acrecentando las
dificultades de los más débiles en aspectos básicos como la alimentación, la sanidad
o la educación”14. Y concluyó pidiendo se suprimieran “las medidas impuestas desde
fuera del país injustas y éticamente inaceptables”.

37. En Estados Unidos reside un gran número de cubanos y sus descendientes, que
siguen considerándose cubanos y aman a Cuba. La cercanía geográfica y los
vínculos familiares entre los dos pueblos son realidades insoslayables que deberían
tenerse en cuenta en orden a favorecer una política inclusiva, mediante el respeto a
las diferencias, que permita aliviar las tensiones y los sufrimientos que padecen
numerosas personas y familias, así como un intercambio comercial justo y orientado
al beneficio de todos. En este sentido exhortamos, además, a que se fomenten
nuevas iniciativas de diálogo que permitan que el deseo expresado por el beato Juan
Pablo II de que el mundo se abriera a Cuba y Cuba se abriera al mundo se haga
realidad.9

La familia y los jóvenes, esperanza de la Patria y de la Iglesia
38. La familia como institución natural está llamada a ser “escuela de humanidad” y
trasmisora de los valores que enaltecen a la persona y la capacitan para una sana y
constructiva vida social. Al publicar “El Amor todo lo espera” reconocíamos que en
nuestro país “una de las pérdidas más sensibles es la de los valores familiares. Al
romperse la familia se rompe lo más sagrado”15. Hoy, veinte años después, dicha
constatación no solo no ha mejorado sino que, con dolor hay que reconocer que la
vida familiar en Cuba se encuentra muy deteriorada con graves consecuencias que
repercuten en la vida de las personas y de la sociedad.

39. Es significativo el llamado que han hecho las autoridades del país acerca del
creciente deterioro en las manifestaciones de conducta y en la moralidad pública.
Ante esto consideramos que no son suficientes las medidas de exigencia y de
disciplina, sino que se hace apremiante un proceso educativo que favorezca, en
todos los cubanos, el deseo de ser buenos y la práctica de la virtud. A tal fin deben
contribuir, conjuntamente, la familia, la escuela, los medios de comunicación y las
instituciones religiosas teniendo a los niños y a los jóvenes como los primeros
destinatarios de una formación integral. La Iglesia católica, fiel a su misión, y con su
experiencia educativa, se siente comprometida a continuar con mayor empeño en la
siembra de valores personales, familiares y sociales, y a cultivar la virtud.

40. Nos queremos dirigir, ahora, a los jóvenes con las palabras siempre actuales del
Padre Félix Varela que en sí mismas inspiran un digno proyecto de compromiso
social: “No hay patria sin virtud ni virtud con impiedad”. Ideal que explicitó el Papa
Juan Pablo II al dirigirse a los jóvenes en la Misa celebrada en Camagüey durante su
inolvidable visita: "Queridos jóvenes, sean creyentes o no, acojan el llamado a ser
virtuosos... sean fuertes por dentro, grandes de alma, ricos en los mejores
sentimientos, valientes en la verdad, audaces en la libertad, constantes en la
responsabilidad, generosos en el amor, invencibles en la esperanza.... No tengan
miedo de abrir sus corazones a Cristo"16.

41. En continuidad con estas enseñanzas, animamos a los jóvenes a que cuiden su
mente, su cuerpo y su corazón, aprendan a buscar siempre la verdad en su vida,
para que no vivan en la ilusión o en el vacío existencial, sino edificados sobre el
cimiento firme de la verdad. Sólo así se harán dueños y responsables de su vida.
"Ustedes son la dulce esperanza de la Patria"17, llamados a construir no sólo la Cuba
del futuro, sino la Cuba actual.

42. Queridos jóvenes creyentes en Cristo: los exhortamos vivamente a impregnar la
sociedad, a partir de las enseñanzas de Jesús –fundamento de la identidad propia
de sus discípulos– las actitudes y virtudes que todo joven de recto pensar y sentir
debe asumir, que no es otra cosa que vivir con radicalidad el amor, el servicio
abnegado al prójimo, con alegría y confianza en Dios. La Iglesia espera de ustedes
esa entusiasta respuesta juvenil que es necesaria hoy para cumplir el mandato que
Cristo nos renueva sin cesar de evangelizar a nuestro pueblo, y que el Papa Francisco
ha pedido con apremio en la recién concluida Jornada Mundial de la Juventud: “Por
favor, dejen que Dios y su Palabra entren en su vida. Dejen entrar la simiente de la
Palabra de Dios, dejen que germine, dejen que crezca”18. “No tengan miedo. Cuando
vamos a anunciar a Cristo, es Él mismo el que va por delante y nos guía” 19.10

La Virgen María: Madre de la Esperanza
43. Al despedirnos, queridos hermanos y hermanas, pedimos a la Virgen de la Caridad,
Nuestra Madre de El Cobre, colme los anhelos de esperanza de todos los cubanos.
Y a los obispos, sacerdotes, diáconos, personas consagradas y fieles laicos, nos
conceda el amor y el celo apostólico indispensables para anunciar a Cristo a
nuestros hermanos, porque sólo es posible evangelizar sembrando en nuestra tierra
la esperanza cristiana que se apoya en la certeza de que Dios cumple siempre su
promesa: "Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20).
Esta promesa de Jesús se cumple hoy y se cumplirá mañana. El viento que impulsa
la nave de la Iglesia es el soplo del Espíritu Santo, quien también la protege,
fortalece y santifica. Conducidos así por la gracia de Dios, miramos al futuro con
esperanza y “la esperanza no defrauda” (Rom. 5,5).
Con sentimientos de fe, amor y esperanza impartimos a todos nuestra bendición,
La Habana, 8 de septiembre de 2013
+ Dionisio, Arzobispo de Santiago de Cuba, Presidente de la COCC
Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana, Vice-Presidente de la COCC
+ Juan, Arzobispo de Camagüey
+ Emilio, Obispo de Holguín
+ Mario, Obispo de Ciego de Ávila
+ Arturo, Obispo de Santa Clara
+ Jorge, Obispo de Pinar del Río
+ Manuel Hilario, Obispo de Matanzas
+ Wilfredo, Obispo de Guantánamo-Baracoa
+ Álvaro, Obispo de Bayamo-Manzanillo
+ Domingo, Obispo de Cienfuegos
+ Alfredo, Obispo Auxiliar de La Habana
+ Juan de Dios, Obispo Auxiliar de La Habana, Secretario General de la COCC
11
Notas:
1 Carta Pastoral “El amor todo lo espera” (8 de septiembre de 1993), n. 2
2 Juan Pablo II, Visita pastoral a Cuba, Discurso en la ceremonia de bienvenida, n. 2
3 cf. Benedicto XVI, Palabras en la Basílica-Santuario Nacional de la Virgen de la Caridad, El Cobre, 27 de marzo 2012.
4 cf. Ibídem
5 Benedicto XVI, Palabras pronunciadas el discurso de despedida en el aeropuerto de La Habana, 28 de marzo 2012.
6 Juan Pablo II, Visita pastoral a Cuba, Discurso en la ceremonia de bienvenida, n. 4
7 Juan Pablo II, Visita pastoral a Cuba, Discurso en la ceremonia de bienvenida, n. 4
8 Juan Pablo II, Visita pastoral a Cuba, Discurso en la ceremonia de despedida (La Habana, 25 de enero 1998), n. 5
9 Benedicto XVI, Palabras pronunciadas en el discurso de bienvenida en el aeropuerto Antonio Maceo de Santiago de
Cuba, el 26 de marzo de 2012.
10 Benedicto XVI, Homilía pronunciada en la Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba, el 26 de marzo de 2012.
11 Carta Pastoral “El amor todo lo espera” (8 de septiembre de 1993), n. 35
12
13
Papa Francisco, Discurso a la clase dirigente de Brasil, 27 de julio de 2013
Juan Pablo II, Visita pastoral a Cuba, Discurso en ceremonia de despedida (La Habana, 25 de enero de 1998), n. 5
14 Juan Pablo II, Visita pastoral a Cuba, Discurso en la ceremonia de despedida (La Habana, 25 de enero 1998), n. 5
15 Carta Pastoral “El amor todo lo espera” (8 de septiembre de 1993), n. 40
16 Juan Pablo II, Visita pastoral a Cuba, Misa en Camagüey (23 de enero de 1998), n. 6
17 “Cartas a Elpidio”, Pbro. Félix Varela Morales
18 Papa Francisco, Misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud, Brasil, 28 de julio de 2013
19 Ibídem
.

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