jueves, 21 de noviembre de 2013

Así lo ve desde Cuba un miembro de la UNEAC

El pasado 14 de noviembre, Pedro Armando Junco López, publicó en el blog La Furia de los Vientos un post titulado "Asamblea General de los artistas camagüeyanos", a propósito de una reunion celebrada por la UNEAC en la ciudad de Camagüey.

Confieso que el término "asamblea general de artistas" me sonó raro. Pensé en una asamblea donde estuvieron reunidas las luminarias del cine y la tv de Europa o EE.UU, para abordar temas como, quien sería elegido delegado para asistir a las premiaciones de los Oscar o cualquier otro evento que convocan sus diferentes asociaciones profesionales.




El caso es que escribí un comentario en  La Furia sobre el tema, fue publicado ,cosa que agradezco respetuosamente y ahora con el mismo respeto y agradecimiento, publico en El Timbeke lo que, sin duda, es una respuesta de La Furia de los Vientos a mi comentario.

Este fue mi comentario:
Una "asamblea general de artistas", eso suena como un lenguaje extraterrestre en cualquier parte del mundo (excepto quizás en Corea del Norte) y encima presidida o encabezada por el jefe del partido (único) en el Poder.
En fin, eso forma parte de la realidad cubana, y hay que hablar de ella.


Este es, íntegro y textual,el post Por qué la UNEAC y sus asambleas.

 publicado el 20 de noviembre en La Furia de los Vientos,  con la firma de Pedro Armando Junco, titulado

Desde el extranjero alguien se asombró muchísimo porque los artistas e intelectuales cubanos pertenecemos a una organización llamada UNEAC y celebramos asambleas generales. Hasta lo creyó cosas de Corea del Norte o de extraterrestres. Pues no, amigo mío. No somos extraterrestres: somos caribeños y por demás, cubanos de la Isla. Tampoco nada que ver con los intelectuales de Corea del Norte –si es que acaso los tienen –porque los de Cuba, los verdaderos, no fingimos, aunque nos caigan de punta, rieles de cazadores de brujas.
Es discutible por qué la Revolución dio a los intelectuales la UNEAC, a los campesinos la ANAP, a los periodistas la UPEC, y así sucesivamente aglutinó los diferentes gremios en organizaciones “no gubernamentales” que poco tienen que ver con esta última condición. Es innegable la injerencia del Partido en cada una de ellas. Puede que, como muchos opinan, dichas instituciones fueron creadas para ofrecerlas hechas a la manera que más le convenía al Estado y evitar que estas colectividades nacieran libres e independientes por su cuenta y de sus propios actores.
No voy a negar que, hasta la toma del poder del actual presidente permaneciéramos con la boca tapada, sin poder expresar –al menos públicamente –nuestra crítica a los disfuncionamientos sociales que hoy combatimos con ideas frescas y concreta elocuencia.
No obstante, aquí estamos. Aún con limitaciones. Sin embargo, ya se nos escucha y se nos atiende. Y es nuestro deber como buenos cubanos ayudar a Cuba, que no es el cúmulo de terreno fértil y blancas playas que tantos envidian, sino el cúmulo de once millones de seres humanos dentro y quién sabe cuántos millones de seres humanos fuera.
Esta lucha de los intelectuales ha costado el dolor de los que fueron reprimidos como es el caso de Heberto Padilla, perseguidos como Reinaldo Arenas, expulsados como lo es el caso de Raúl Rivero y sus otros nueve compañeros; y pasará a la historia no como “el quinquenio gris” que ya hoy se rememora sin aprensiones, sino con mucho mayor tiempo a su desprecio.
Porque la palabra es más poderosa que la espada. Y siempre han existido y existirán hombres de la talla de Leonardo Padura y Pedro Juan Gutiérrez que, a pesar de ver marginada su obra dentro de la Patria, permanecieron dentro del país, contra viento y marea, y triunfaron con ella allende el mar para demostrar a los cazadores de brujas que eran buenos de verdad; y están aquí, dentro del terruño natal, sin que de modo alguno los hayan obligado a salir huyendo.
Aquí permanecen intelectuales como el politólogo Esteban Morales, exponiendo con valentía la necesidad de una prensa libre e independiente. Están el sicólogo Manuel Calviño y el economista Triana, dentro de la concepción marxista más rancia, explicando el porqué de la necesidad de un cambio de mentalidad política, social y económica. Tenemos periodistas, privados de su profesionalidad, que se sustentan de trabajos por cuenta propia como es el caso de mi amigo Alejandro Rodríguez.
Si la UNEAC no es todo lo independiente que quisiéramos, que no lo sea. Sus miembros la continuarán perfeccionando con especulaciones y conceptos novedosos. Peor sería que el rebaño anduviera al garete, perdidos los unos de los otros. Si en la UNEAC sobreviven elementos mediocres y serviles, es una prueba más de su capacidad para aglutinar individuos. Cada miembro que se destaque en una u otra vertiente social, tendrá que rendir cuentas a la historia, como tendrán que rendir cuenta los que se atrevan a ultrajar los heterodoxos. Y por otra parte, en lo que sí coincidimos todos los intelectuales cubanos de buena voluntad es en la imperiosa necesidad de propiciar en Cuba un cambio pacífico y conciliador, capaz de hacer estrecharse las manos a los antes considerados enemigos y abrirse al mundo como una vez aconsejara Juan Pablo II.

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