viernes, 1 de noviembre de 2013

Cuba: jóvenes y participación

Consciente de que soy un opositor sesentero y también un opositor desde los sesenta (que además vivo fuera de Cuba, aunque siga siendo cubano por el origen, la cultura y otros etcéteras),  hago esfuerzos para mantenerme fuera de la polémica que por estos días transita por el ciberespacio cubano.


La aclaración anterior, no quiere decir, sin embargo, que no me interesa la polémica. Hago esfuerzos también para entender la dinámica de ese interesante proceso que va abriendo espacios, como siempre a partir de quienes, por ser jóvenes, tienen por delante una vida que conquistar.

Dentro de ese marco de interés reproduzco estos cuatro párrafos del post Cuba: jóvenes y participación, escrito por Alejando Rodríguez en su blog Alejo3399, que deben visitar para leer el comentario completo.

"La naturaleza y la lógica indican que los jóvenes de aquí sí quieren participar. Como mismo indican que ninguna juventud auténtica aceptará mansamente que se les impongan las maneras, menos todavía que otros redacten sus discursos, o intenten encauzarlos desde burdas estrategias. Pero como la confrontación ha demostrado ser una táctica arriesgada, muchos escogen la evasión, que es, paradójicamente, un caminito seguro.
Una joven camagüeyana que cuestionó con severidad en su blog al Partido local por una fastuosa y ágil permuta de sede es la evidencia de que las ganas están. Pero la pronta censura que desencadenó el hecho es la evidencia de que igual existe una reacción tipo 3era Ley de Newton que se opone a sus instintos naturales. Y claro, también a los de otros tantos blogueros que al ver el humo en las barbas de su vecina pusieron las suyas en remojo.
Hace muy poco fuimos testigos de La increíble y triste historia del cándido Darío y su pornodenuncia desalmada, que por fortuna despertó más apoyos que empujones dentro de la blogosfera. El más fuerte de los empujones no pudo sostenerse en pie y terminó de nalgas en el latón de la basura junto a las cáscaras de yuca, contando en todo caso con el aliento de otras moscas en el latón.
Para pedir a las nuevas generaciones una participación ciudadana responsable, es preciso entender primero todo lo bueno y malo que eso acarrea, asumir los riesgos sin tanto dramatismo de novela mexicana, y gratificarse con las ventajas; ya luego valdría educarlos en una cultura del debate sincero y del respeto por el criterio ajeno, lo cual, en esta Cuba de ahora mismo, sería muchísimo menos complicado si los adultos, los mayorcitos…, ya lo hubiesen aprendido bien y tuvieran pues moral suficiente como para predicar con sus propias conductas"

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