miércoles, 6 de noviembre de 2013

Otra mirada al edicto contra las salas 3D

Rebeca Monzo, en su blog Por el ojo de la aguja, nos ofrece otra mirada a la decisión del gobierno cubano de prohibir las salas de cine 3D 

Atrás ni para coger impulso.


Una vez más esta frase, tan repetida hace ya más de cinco décadas, vino a mi mente, al enterarme de otra nueva marcha atrás, dada por quienes lanzaron como sentencia esta máxima en los albores de los años sesenta.
De nuevo otro gran retroceso, pero esta vez en pleno Siglo XXI y en el marco de las famosas “reformas raulistas”: Cerradas las salas de Cine 3D y ultimátum dado hasta el 31 de diciembre del presente, a los cuentapropistas vendedores de ropa importada. Todo esto ha generado mucho descontento, pero hasta ahí. Todos los afectados están tratando de ver cómo liquidan parte de las existencias y recuperan algo de las grandes inversiones hechas, como en el caso particular de las salas 3D, donde fueron importados equipos y muebles, generalmente a través de Panamá. Todos se están “devanando los sesos”, pero nadie va a increpar al Estado y éste lo sabe perfectamente.
Parece que este pueblo, debido a la precaria alimentación padecida durante décadas, tiene afectada la zona de su cerebro concerniente a la memoria. Ya pasamos, allá por los años ochenta, por la llamada “Operación pitirre”, cuando los artesanos de la Plaza de la Catedral, a quienes todos, hasta los propios dirigentes, compraban, por la calidad, originalidad y variedad de los artículos ofertados, confeccionados por ellos mismos, fueron perseguidos. Muchos terminaron presos y otros partieron hacia el exilio, en busca de libertad y nuevas oportunidades. Así se disolvió, de la noche a la mañana, un mercadillo que daba vida a la ciudad y la abastecía de artículos que no existían en las tiendas estatales, propiciando a muchos una manera de ganarse la vida.
Después, en los años noventa, vino de nuevo otra ofensiva, la famosa “Operación maceta”, que acabó con el Mercado Libre Campesino, que era el que estaba paliando en esos momentos las grandes escaseces de alimentos, acusando el gobierno de “enriquecimiento ilícito” a sus proveedores. Muchos de estos productores fueron hechos prisioneros y confiscados sus bienes, al igual que ocurrió años atrás con los artesanos.
Tampoco debemos olvidar aquella otra gran cruzada contra los primeros Paladares de doce sillas, a finales de los años noventa, de la que sólo pudieron sobrevivir los más fuertes o “suertudos”.
Por lo visto, la falta de memoria de nuestros ciudadanos, o los desesperados intentos de salir del estancamiento económico, han sido los que han hecho arriesgarse una y otra vez a aquellas personas más “optimistas”, que no acaban de darse cuenta que es muy difícil “jugar al capitalismo”, dentro de un régimen dictatorial de más de medio siglo instalado en el poder.
Por ello, y para que no se equivoquen, el gobierno hace este tipo de “operaciones” cíclicamente, para que nadie olvide “quien es el que manda”. Solamente en un futuro país libre y democrático, es que habrá seguridad para aquellos que quieran emprender sus propios negocios. Entonces y sólo entonces, es que prosperarán las iniciativas privadas. Quizá en un futuro no ya tan lejano, le demos otra connotación a esa tristemente célebre frase de: “Atrás ni para coger impulso”, porque evidentemente nadie querrá repetir estos errores.

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