viernes, 13 de diciembre de 2013

Fidel y Raúl...(IV) San Andrés de Caiguanabo

Continuación del libro Fidel y Raúl, Delirios y Fantasías. Este capítulo narra una fantasía poco conocida del castrismo, en sus momentos de máximo delirio. La creación del primer pueblo comunista del mundo, con la abolición de la moneda y el trabajo por el amor de todos.





San Andrés de Caiguanabo

En un remoto rincón pinareño, de cuyo singular destino ya nadie se acuerda, está San Andrés de Caiguanabo.

Tomo prestada la imagen literaria de Cervantes, parafraseando a su Don Quijote, porque este relato es toda una quijotada, aunque a diferencia del hidalgo manchego, ésta no es una invención literaria. Se trata de una quijotada real, digamos revolucionaria.
Fidel lo imaginó de otra manera, pero San Andrés de Caiguanabo es todavía un humilde poblado del municipio La Palma, provincia de Pinar del Río, anclado en un bucólico rincón de la Cordillera de Guaniguanico.

Por cierto, es la misma cadena montañosa donde se entrenaron en secreto los cubanos que acompañaron a Ernesto Che Guevara en su fracasada aventura guerrillera de Bolivia, a principios de la segunda mitad del siglo pasado. En esos apartados parajes, donde se encuentra la cueva de Los Portales, se prepararon -desde el 4 de junio hasta el 15 de octubre de 1966- los cubanos escogidos por el Che, quien había regresado a Cuba dos meses antes tras su también fallida incursión guerrillera en el Congo.

Lo menciono solo como un referente porque esta historia no tiene nada que ver con eso.

San Andrés de Caiguanabo, con poco más de dos mil habitantes, casi todos campesinos y trabajadores dedicados al cultivo del café, fue el lugar donde Fidel soñó construir la primera población comunista del mundo. Un experimento destinado a convertir la utopía comunista en una realidad para el resto de Cuba.

¿Por qué escogió ese lugar? Nadie lo sabe con certeza. Solo se conoce que no fue el único. Fidel destinó otros dos poblados montañoso para ampliar el experimento: Gran Tierra y Banao en las entonces provincias de Oriente y Las Villas, respectivamente, pero en ninguno destelló la utopía con tanto fulgor como en San Andrés de Caiguanabo.

Los campesinos y trabajadores dispersos por la región fueron agrupados en una comunidad rural. Se construyeron instalaciones escolares, se proyectaron centros de salud, campos deportivos y todo lo imaginable para que sus habitantes tuvieran una vida confortable, con sus necesidades básicas garantizadas por Papá Estado.

Desde la visión de Fidel, los hombres y mujeres del lugar aportarían felices a la sociedad el fruto de su trabajo. Ya no existiría más la responsabilidad de trabajar para la subsistencia personal o familiar. Nada de eso. El trabajo dejaría de ser una necesidad individual. Se convertiría en una responsabilidad social.

El Génesis sentencia: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Una especie de castigo, de obligación personal para sobrevivir, impuesta al hombre cuando perdió el Paraíso. En esencia, Fidel quiso rescatar ese paraíso para el hombre nuevo que desempolvó de los manuales marxista-leninistas.

Y al estilo de Dios, Fidel planificó la vida de los habitantes de su paraíso en San Andrés de Caiguanabo.

Así programó la educación de los niños y jóvenes del lugar:

“Y la vida de todos los niños estará perfectamente organizada, estará perfectamente atendida.  Irán a los círculos por la mañana —bien temprano— y regresarán a sus casas al atardecer. Y cuando ya tengan edad para ir al primer grado, entonces su vida entera estará organizada alrededor de la escuela. Allí tendrán los estudios, los campos deportivos, la alimentación. Irán los lunes y regresarán los viernes y tal vez los sábados.
 
Porque, naturalmente, podría también plantearse qué será mejor: que se vayan ya desde el viernes para casa, o, por el contrario, se dedique el sábado a actividades deportivas en general en la escuela (APLAUSOS), y ya el sábado al mediodía van a casa. Y significa que podrán disponer también los maestros y profesores de tiempo libre: la mitad del sábado y el domingo completo (…).[1]

Así percibía los objetivos de su experimento:

“Los niños y los jóvenes no solo recibirán una educación esmerada en instalaciones magníficas, sino que recibirán una alimentación óptima, recibirán una dieta equilibrada, consumirán las cantidades máximas de alimentos que necesiten en frutas, en leche, en vegetales, en fin, en todos los alimentos. Nos interesa también ver cuáles son los efectos, en esos niños, de una vida higiénica, saludable, de la práctica de la educación física y el deporte, de una alimentación óptima, lo que significa que ya todos los niños recibirán en esas instituciones la ropa, los zapatos y la alimentación en la escuela y la recibirán gratuitamente, gratuitamente (APLAUSOS).[2]

¿Es esto acaso algo de poca importancia? ¿Es algo de poca trascendencia? No. Esto tiene que ver mucho con toda una serie de concepciones, tiene que ver mucho con la concepción general de la forma en que nosotros queremos edificar el socialismo y de la forma en que nosotros queremos edificar el comunismo”. 

Y en el éxtasis de su alucinación describió cómo se transformaría la agricultura de la región, ejemplo para el resto de la isla:

“Y por lo demás, el hombre irá —con la ayuda de las máquinas y de la técnica— liberándose cada vez más del trabajo en su sentido de esfuerzo físico bruto. Y aquí mismo, en San Andrés, donde hay o había más de 1000 bueyes, toda la tierra se preparaba con yuntas de bueyes. ¿Qué significaba eso? Que todos los años había que roturar la tierra, que cientos de padres de familia tenían que enyugar los bueyes bien temprano, enganchar el arado y, yendo detrás de la yunta de buey, romper y preparar las tierras. Y realmente ese trabajo es duro. Cuando un hombre tiene que ir llevando el arado detrás de una yunta de buey, son no dos bueyes, sino tres bueyes arando la tierra (APLAUSOS), porque él tiene que ir haciendo tanto esfuerzo como cualquiera de los bueyes. (…)

Y el café está creciendo a enorme velocidad, sembrado con toda la técnica.  Y no solo eso: se le van a hacer las aplicaciones óptimas de fertilizante y algo más: se van a aplicar otras técnicas más nuevas todavía, que consisten en la aplicación de hormonas de crecimiento a ese café. 

Es decir, que los vecinos de esta región y todos nosotros vamos a poder observar un fenómeno nuevo también, porque se suponía que una mata crecía cuando la sembraban, la cuidaban, la cultivaban, le limpiaban la hierba, la regaban o le llovía y se fertilizaba, pero hay una cosa nueva:  vamos a acelerar el proceso de crecimiento de esas plantas. En ese sentido se va a convertir también en un plan piloto. Al millón y tantas matas de café se les van a aplicar hormonas de crecimiento y posiblemente para el año que viene haya bastante café que recoger en esas plantaciones”. (APLAUSOS)[3]

Eso dijo Fidel hace 43 años. Sus alucinaciones incluían otros tantos millones de cafetos sembrados en las montañas del centro y del oriente de Cuba que producirían suficiente café para abastecer a la población de la isla y exportarlo más allá de sus fronteras.
La realidad dictó otro rumbo. El 28 de julio de 2010, la Asamblea Nacional del Poder Popular propuso realizar inversiones para reactivar el cultivo de café, que se derrumbó en un 90% en menos de medio siglo, afectado por el deterioro de las plantaciones y el éxodo de los productores  según autoridades del sector.
Cuba llegó a producir unas 60.000 toneladas en la década de los sesenta, pero actualmente cosecha 6.000 toneladas, citó un informe presentado en la Asamblea.[4]

Apunto un dato curioso sobre el discurso de Fidel el día que inauguró la comuna de San Andrés. Era el 28 de enero, fecha del natalicio de José Martí, artífice de la Independencia de Cuba, pero Fidel no hizo ninguna referencia a quien, según él, fue “el autor intelectual del Moncada”.

Quizás por entonces el Comandante en Jefe consideraba al nacionalismo independentista como “una manifestación pequeño burguesa”. Estaba en boga el marxismo-leninismo y faltaba mucho para que desapareciera del mapa político la madre patria soviética que lo amamantaba.

Nadie sabe, ni se sabrá nunca, cuántos millones de dólares se derrocharon en el intento, cuántas infundadas esperanzas se sembraron, ni cuántas ilusiones se esfumaron. Quizás ni los mismos habitantes que hoy viven en el llamado Pueblo Nuevo de San Andrés de Caiguanabo conozcan ese paréntesis de su historia.

En un país donde la ineficiencia es la regla generalizada lo único eficiente es la mala memoria. Mejor diría la historia olvidada de los fracasos y fantasías alucinantes de Fidel, que es sepultada por el silencio, desterrada al olvido por la versión oficial de la historia revolucionaria.

Para conocer los detalles de la utopía hay que hurgar con suerte, paciencia y discreción en los archivos de prensa y adentrarse en los abrumadores discursos pronunciados por el Máximo Líder.

En algún lugar de los archivos fílmicos de Cuba, por ejemplo, está enterrado el documental de Lucía Corona, San Andrés de Caiguanabo, cuya música estuvo confiada a las guitarras de los cantautores de la Nueva Trova, Pablo Milanés y Noel Nicola. Una oda fílmica a los empeños de construir el hombre nuevo en el paraíso castrista.

No faltó tampoco la presencia de los intelectuales de la izquierda europea, algunos de cuyos exponentes de la época visitaron el laboratorio humano de San Andrés. Hasta allí llegó en 1968 el cineasta francés Jean-Luc Godard. El destacado director francés había viajado a Nueva York y a Berkeley, California, para filmar la secuencia de Una Película Americana, un proyecto que nunca completó y más tarde a Canadá para otra ronda de grabaciones del documental Comunicaciones, que tampoco concluyó. Desde ahí se dio un saltico a la Cuba Socialista, antes de retornar a Francia.

El diario Granma reseñó el viaje como si se tratara de un especial interés de Godard en filmar la experiencia comunista de San Andrés.[5]

No hace mucho el académico cubano Rafael Hernández abordó el alucinante proyecto de Fidel en una publicación de la Universidad de Harvard. Hernández, quien dirige en La Habana la revista Temas, le ha querido dar al asunto un tinte ideológico, con un alcance teórico inscrito en el conflicto de la entonces Unión Soviética y la China de Mao Tse-Tung.

El desafío de construir un socialismo distinto y distante de los modelos soviético y chino, ponía al máximo el espíritu de defensa de la nación en su camino independiente, la vista fija en el ideal de una sociedad superior.
Aquel encaminamiento en solitario se mantenía sobre la dramática certidumbre de que Cuba sería la primera sociedad en experimentar formas comunistas de organización y convivencia social. (…).

Aquella utopía desafiante era algo más que un simple acto de voluntarismo o extremismo jacobinista -como podría juzgarse desde hoy-, era parte de toda una concepción del socialismo, opuesta a la de los manuales soviéticos. San Andrés de Caiguanabo no era así un mero falansterio utópico, sino un argumento en una intensa polémica de ideas y teorías sobre la revolución socialista, en la que se involucraban no solo la vanguardia política y los intelectuales orgánicos, sino numerosos ciudadanos”.[6]

No creo que haya que ponerse tan serios. El asunto es más simple. La envoltura ideológica con la que Hernández cubre tamaña megalomanía fidelista, no sirve para explicar otros proyectos, tan grandiosos como impracticables, convertidos en rotundos fracasos.

Poco o nada tenía que ver el conflicto ideológico chino-soviético con la obsesión genética de Fidel, la inseminación artificial del Manjuarí, las siembras de fresas y otros tantos proyectos que revisaremos más adelante.

El 16 de julio de 2008 se celebró en San Andrés de Caiguanabo el cincuenta aniversario de la creación del Frente Guerrillero en Pinar del Río. De ello dio cuenta la televisión provincial TelePinar. Ninguno de los presentes se refirió al proyecto comunista que soñó Fidel para ese lomerío.[7]

De aquellos sueños no queda nada, como dice una popular canción. Quien visite hoy el lugar, escogido por Fidel como cuna de la sociedad comunista soñada para Cuba, encontrará un mísero caserío que no se diferencia en nada del resto del país: falta agua, transporte, recursos de salud, educación y comida.

San Andrés de Caiguanabo volvió a ser noticia nacional a fines del verano de 2008. Por el olvidado caserío cruzaron, en pocas semanas de diferencia, los huracanes Gustav y Ike destrozando los ranchos del poblado y aumentando la miseria en la que todavía viven sus pobladores.
















[1] Fidel Castro. Discurso. San Andrés de Caiguanabo. 28 de enero de 1967.
[2] Ibid..
[3] Ibid..
[4] Debaten diputados asuntos socioeconómicos del país. Granma. 29 de julio de 2010. Pág. 1

[5] Filma Jean-Luc Godard en San Andrés. Granma. 10 de febrero de 1968. Pág. 2
[6] Hernández, Rafael, “The Red Year” ReVista, the Harvard Review of Latin America. Volume VIII, Number 11. pp. 21-24. Winter 2009.
[7] Acto por el aniversario del Frente Guerrillero de Pinar del Río. Presidido por el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez y el General de Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintras Frías, en el acto oradores patentizaron la disposición del pueblo de continuar la lucha al lado de la Revolución. María del Carmen Concepción González, integrante del Secretariado del Comité Central del Partido, destacó cómo tras su constitución, el Frente en breve alcanzó prestigio, un mando único y el apoyo de los pobladores.

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