lunes, 9 de diciembre de 2013

Martha Frayde luchadora por los derechos humanos

El Timbeke reproduce este obituario de Martha Frayde, escrito por Roger Salas y publicado el domingo 8 de diciembre en el diario El País.




Martha Frayde Barraqué (La Habana, 1920), fundadora del Comité Pro Derechos Humanos en Cuba y una de las activistas más respetadas de la emigración cubana, murió el pasado miércoles en Madrid a la edad de 93 años. Frayde, ginecóloga de formación, se licenció en 1946 amplió estudios en las universidades de McGill y Montreal en Canadá. De regreso a Cuba, participó activamente en el Partido Ortodoxo que lideraba Eduardo Chibás, integrándose en la década de los cincuenta en la lucha clandestina contra Fulgencio Batista, etapa en la que conoce estrechamente a Fidel Castro.

Al triunfo de la revolución de 1959, Frayde fue propuesta para ser ministra de Bienestar Social del Gobierno revolucionario, cargo que rechazó. Castro personalmente la nombró directora del Hospital Nacional y de la Escuela de Enfermería de La Habana, que Frayde modernizó y remodeló de acuerdo a su experiencia norteamericana. Después, Castro la nombró embajadora ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) con sede en París, donde la sorprende la crisis de los misiles y comienza su “crisis espiritual de ruptura”.

Frayde renunció a voluntariamente a su cargo diplomático en 1965, cuando ve el rumbo autoritario y represivo que toman los Castro y toda la cúpula ya declaradamente marxista-leninista.

Inmediatamente regresa a La Habana y su postura crítica es duramente reprimida por el régimen. Frayde manifestó su deseo de abandonar Cuba pero el régimen se lo denegó. Fue en ese momento cuando se unió al germen de lo que sería después en el exilio el Comité Pro Derechos Humanos en Cuba, en el que que estuvo primero el activista político Ricardo Bofill; a ellos se les unieron pronto los hermanos Gustavo y Sebastián Arcos Bergnes y Elizardo Sánchez. En 1972 intentó una salida clandestina de la isla que fracasó: llegó a estar en alta mar en una lancha neumática que un agente doble del Estado cubano había pinchado. Tras ser detenida e incomunicada fue interrogada con brutalidad, hasta el punto de que se llegó a temer por su vida.

En 1976 fue condenada por conspiración contrarrevolucionaria (también la relacionaban con la CIA) a 29 años de cárcel en un juicio típico de la Cuba castrista con jueces militares y escasa defens y que provocó amplia repulsa internacional. a. Ella siempre negó las imputaciones. Todos los que conocían su carácter irreductible y sus principios comenzaron gestiones diplomáticas en varios países de Europa hasta conseguir un indulto, lo que le facilitó que pudiera exiliarse en 1979 en España con un grupo de antiguos presos políticos cubanos.

Instalada en Madrid, volvió a la práctica médica hasta su jubilación y dedicó todas sus fuerzas al Comité Pro Derechos Humanos en Cuba. Frayde acogió a muchos disidentes cubanos, los orientó y los apoyó con la conciencia de que los cubanos del exilio debían acercar posturas entre ellos para hacerse oír ante un mundo que se mostraba indiferente ante los problemas internos de Cuba o que aún estaba deslumbrado por el aura mítica de los guerrilleros revolucionarios. Una de sus declaraciones más citadas es aquella de que Castro “dejó chiquito como dictador a Batista”, pero no todo el exilio estaba de acuerdo con ella, pues recalcaba que “la reconstrucción de Cuba será una labor de los unos y los otros”.

En 2006, Martha Frayde donó su archivo documental a la prestigiosa Colección del Patrimonio Cubano (Cuban Heritage Collection), y su colección de pinturas cubanas al Museo de Arte Lowe, ambos en la Universidad de Miami. Entre sus muchos amigos artistas a los que trató personalmente se encontraban los grandes nombres de la pintura moderna cubana como René Portocarrero, Wifredo Lam, Carlos Enríquez, Víctor Manuel, Amelia Peláez y Mariano Rodríguez; también fue amiga durante muchos años de Pablo Picasso y en el salón de su casa, en la pared tras su mecedora colonial donde solía abanicarse “a la cubana”, había una enorme paloma de la paz dedicada cariñosamente por el genio malagueño.

Hasta el final, Martha Frayde continuó siendo la representante titular en Europa del Comité Pro Derechos Humanos en Europa, insistiendo en denunciar los abusos y condiciones inaceptables de las cárceles cubanas así como el trato a los presos políticos en la isla. En 1988 publicó en Francia el libro Escucha, Fidel,que relata su experiencia tras su detención en 1976. No se cansó de decir que su empeño principal era que Cuba cumpliera los 30 artículos de la Declaración de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, que su país firmó en 1948. Elena Bonner (la esposa del disidente y Nobel de la Paz ruso, Andréi Sájarov) le dijo un día: “Adelante, cuando empecé mi comité de derechos humanos en Moscú, un país tan grande, éramos sólo 10 personas”. Frayde decía: “Los cubanos de dentro son los que tienen que opinar y que decidir y los que, en definitiva, tienen que lograr el cambio y contar con los cubanos del exilio para la reconstrucción”.

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