viernes, 6 de diciembre de 2013

Raúl Castro: Intrigas y videotapes

Continuando con la publicación del libro Fidel y Raúl, Delirios y Fantasías,  El Timbeke ofrece hoy este fragmento, largo para su lectura en un blog, pero con la expectativa de que cumpla su misión de fin de semana.




 
Fue en el verano de 1992 cuando Raúl debutó como presentador de vídeos acusatorios y como “cazador” principal de dirigentes políticos “desleales” a la revolución o supuestos “reformistas” encubiertos.
 
Carlos Aldana Escalante, Jefe del Departamento Ideológico del Partido y también del Departamento de Ciencia y Cultura, cayó en desgracia el 24 de septiembre de 1992. Fue siempre un hombre de Raúl y se encumbró en el Partido escalando posiciones desde sus filas militares.
 
 
Aldana, a quien algunos consideraban un reformista y otros un autoritario encubierto, era considerado entonces el número tres en la dirección política del régimen, al igual que el general de división Arnaldo Ochoa –ejecutado en 1989 tras un oscuro proceso de corrupción y narcotráfico-, lo había sido en la militar.


Al parecer, a Raúl no le simpatizan los números tres en la línea de sucesión porque  en cuestión de meses aquellos dos números tres se convirtieron en ceros. Lo mismo le ha sucedido desde entonces a quienes se instalaron en esa posición con ciertas posibilidades sucesorias.

El anuncio oficial de la caída de Aldana, como es costumbre, lo hizo el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, en una escueta nota que no aclaró nada. Y como es costumbre también, se utilizó el argumento de la corrupción, la deslealtad, o el abuso de autoridad.

“Su separación no se debió a ningún tipo de disidencia política ni pacto con el enemigo, sino porque su conducta  afectó su prestigio ante el pueblo. Se debió a grandes errores personales, falta de exigencia en su trabajo y por llevar un modus vivendi de privilegios de poder que son hirientes para la población”.[1]

Así lo explicó Roberto Robaina, quien por entonces era el  Primer Secretario de la Unión de la Juventud Comunista de Cuba y se encontraba en México invitado por el Frente Juvenil Revolucionario del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI).
 
Robaina estaba muy lejos de adivinar que su final político sería el mismo de Aldana. En su caso se aplicaría la misma justificación que él ofrecía a los periodistas mexicanos sobre el silencio en la prensa de la isla, porque  “primero se está dando información a la militancia y se espera la ratificación formal del Comité Central del Partido”.
 
Días después, para amortiguar su impacto político y para consumo exterior, se autorizó una entrevista de Aldana con Mario Vázquez Raña, a la sazón director de la Organización Editorial Mexicana propietaria del diario El Sol de México y que publicó ese periódico el 30 de septiembre de 1992.

Sentado en un su antiguo despacho – ocupado ya por su sustituto José Ramón Balaguer, ex embajador en la Unión Soviética-, Aldana se culpó de malos manejos comerciales con el cubano Eberto López Morales de la  empresa internacional Aero Visuales Caribbean, a quien le atribuían la  representación de la Sony en Cuba. El cuento de Aldana se enfocó en un supuesto fraude en la compra de medios audiovisuales y en el uso de una tarjeta de crédito American Express que le facilitó el empresario.

De Eberto López Morales se supo muy poco. Casado con una italo-argentina, hija de un acaudalado empresario italiano, se afirma que estuvo seis meses bajo investigación en los calabozos de la Seguridad del Estado en Villa Maristas y luego fue “hospedado” en una casa especial dentro de la prisión de Guanajay en la provincia de La Habana.

Hay quienes aseguran que Silvio Rodríguez, mantuvo su amistad con Eberto durante todo el tiempo. Quizás el cantautor quiera explicar un día qué pasó en realidad. Lo digo porque Raúl afirmó en un video que él mismo ordenó la destitución de Aldana porque se quería convertir en un Gorbachov cubano…pero eso lo cuento más adelante.

La otra presentación estelar de Raúl ocurrió en marzo de 1996, cuando dirigió el golpe final contra los académicos reformistas instalados en el Centro de Estudio de las Américas (CEA).


Fundado como un organismo adscrito al Departamento América del Comité Central del Partido, dirigido por el desaparecido Manuel Piñeiro, alias Barba Roja, el CEA se especializó en estudios socioeconómicos que servían como evaluación de inteligencia a los planes subversivos del castrismo en la región.
 
Después de la desaparición de la Unión Soviética, el CEA comenzó a incursionar cada vez más en la realidad política y económica nacional, elaborando propuestas que permitieran al país afrontar la crisis causada por las nuevas realidades políticas.

Las vueltas que da la vida. Varias de aquellas propuestas, elaboradas hace 15 años atrás por los académicos del CEA, son las que hoy, tímidamente, trata de implementar Raúl para sobrevivir.

Sin embargo, en el informe presentado al V Pleno del Comité Central del Partido, Raúl los acusó de caer “en la tela de araña urdida por cubanólogos extranjeros”, a quienes calificó de “servidores de Estados Unidos en su política de fomentar el quintacolumnismo” en las filas revolucionarias.

A partir de ese momento, se nombró una comisión investigadora del Departamento Ideológico del Partido que prácticamente intervino las operaciones del CEA, e interrogó durante nueve meses a sus principales miembros y dirigentes.

La comisión fue presidida por el miembro del Buró Político, José Ramón Balaguer, e integrada además por el teniente coronel del Ministerio del Interior, Rolando Alfonso Borges, y Amado Soto, funcionario del Comité Central a cargo de asuntos culturales y de contrainteligencia.

A final del proceso, el grupo de académicos reformistas, en su mayoría militantes del Partido Comunista,  fue dispersado y de la existencia del CEA ya pocos se acuerdan.

Raúl intervino también en la sorpresiva destitución de Roberto Robaina.  Fidel lo había nombrado canciller en 1993 en sustitución de Ricardo Alarcón. Y Robertico se empleó a fondo para consolidar su posición política en el régimen.

El 28 de mayo de 1999, en vísperas de iniciar una gira por Venezuela, Panamá y Haití, el diario Granma informaba sin más detalles que Robaina, quedaba “liberado del cargo en tanto se le asignen nuevas funciones”.

 

Tres años después, la dirigencia y los militantes del Partido Comunista conocerían los detalles; explicados por Raúl en un video titulado El caso Robaina, estrenado durante el IV Pleno del Comité Central, el 7 de mayo de 2002.

Raúl acusó a Robaina de deslealtad y de corrupción por sus vínculos con el ex gobernador del estado mexicano de Quintana Roo, Mario Villanueva, procesado por sus relaciones de narcotráfico con el cártel de Juárez.

La acusación más impactante implicaba al ministro de Asuntos Exteriores de España, Abel Matutes y a las ambiciones políticas de Robaina.

“¿Qué carajo has estado hablando con ese hombre?” Y después le espeta: “No voy a permitir que gente como tú jodan esta revolución tres meses después de que desaparezcamos los más viejos”.[2]
Fue en ese video donde la militancia y los dirigentes del Partido supieron al fin la verdad de lo ocurrido con Aldana diez años antes.

En él ni siquiera aparece el ex canciller, pero Raúl Castro lee la transcripción de una entrevista que habría mantenido a solas con él. En ella, el presidente cubano establece un paralelismo entre Robaina y el ex jefe del poderoso Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central del PCC, Carlos Aldana, expulsado en 1992:
“Aldana ambicionaba convertirse en el Gorbachov de Cuba. Yo lo sabía y un día, delante de él, dije que si en Cuba salía un Gorbachov había que colgarlo de una guásima. Se puso pálido. Cuando después lo llamé a mi oficina y lo apreté, se desplomó. Lloró y lo contó todo”.[3]
Al igual que tuvo que hacer Aldana cuando fue destituido, Robaina también ofreció su explicación a la prensa para consumo exterior. El 4 de agosto de 2002, en una entrevista con Lucía Newman, corresponsal de CNN en La Habana, Robaina  reconoció sus "errores políticos y éticos"  y admitió “ no haber sido lo suficientemente transparente con mis compañeros, que tuvieron motivos suficientes para sentirse traicionados por mí".

En su papel de doberman revolucionario, Raúl protagonizó su caso más audaz y sonado poco después de estrenarse oficialmente como presidente del Consejo de Estado.

Si hasta entonces la evidencia histórica indicaba que en su posición de número dos a Raúl no le gustaban los números tres; las destituciones fulminantes del vicepresidente Carlos Lage de 57 años y del canciller Felipe Pérez Roque, de 44, demostraban que como número uno, tampoco quería tener de segundos a dirigentes jóvenes con fama de sucesores.

Hay muchos reportajes periodísticos de ese proceso, escritos con abundantes detalles en los medios de Europa, Estados Unidos y América Latina, pero no está de más un pequeño resumen que serviría para confirmar como se repite la dinámica de las destituciones en el castrismo.

La destitución de Lage y Pérez Roque se anunció en una escueta nota publicada en Granma, como parte de una docena de movimientos, reemplazos y fusiones de ministerios que conformaron una amplia reorganización del gobierno.[4]

En la misma “reorganización” cayó también, sin anuncio oficial, Fernando Remírez de Estenoz-Barciela, jefe del Departamento de Relaciones Internacionales del PCC, un cercano amigo y colaborador de Lage desde la época en que ambos estudiaron Medicina en La Habana y se forjaron como dirigentes de la Juventud Comunista.

Las causas que se ocultaban detrás de esas destituciones, dignas de una novela de intrigas políticas -corrupción y espionaje-, comenzaron a dibujarse al día siguiente del anuncio. Las ofreció Fidel en una de sus Reflexiones cuando, sin mencionarlos por sus nombres, incluyó este enigmático párrafo acusatorio contra Lage y Pérez Roque:

“La miel del poder por el cual no conocieron sacrificio alguno, despertó en ellos ambiciones que los condujeron a un papel indigno. El enemigo externo se llenó de ilusiones con ellos”.[5]

En el mismo artículo, “el compañero Fidel” se desligaba de quienes habían sido sus más cercanos colaboradores y eran identificados como “los hombres de Fidel”.

“La mayoría de los que fueron reemplazados nunca los propuse yo. Casi sin excepción llegaron a sus cargos propuestos por otros compañeros de la dirección del Partido o del Estado. No me dediqué nunca a ese oficio”.[6]

¡Mala memoria la del compañero Fidel! Un hecho difícil de ocultar, porque en la designación oficial de Pérez Roque, archivada en la página web del ministerio cubano de Relaciones Exteriores, todavía se puede leer que:
"El Comandante en Jefe y Presidente del Consejo de Estado, compañero Fidel Castro, quien presta una especial atención a la política internacional, ha propuesto a la Dirección del Partido y al Consejo de Estado la designación del compañero Felipe Pérez Roque, Diputado a la Asamblea Nacional y miembro del Consejo de Estado, para ocupar el cargo de ministro de Relaciones Exteriores”.[7]
Casi de inmediato, Lage y Pérez Roque admitieron errores en su gestión y asumieron públicamente su responsabilidad en sendas cartas de renuncia,  fechadas el 3 de marzo y dirigidas a Raúl Castro, las cuales fueron publicadas en Granma un día después de que Fidel los calificara de "indignos".
 
Con esas renuncias parecía liquidarse lo que todos interpretaban como una purga para eliminar del camino a posibles sucesores políticos.

En realidad comenzaba la actuación. De nuevo, en su calidad de vigilante cazador de potenciales traidores, Raúl le había tendido esta vez una trampa a “los hombres de Fidel”, para justificar su expulsión del gobierno.
Granma, el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, publicó fragmentos del guión con los mismos componentes detectivescos que décadas atrás sustentaron la destitución de Robaina en 1999 por “deslealtad”, del ideólogo Aldana en 1992 por “graves errores” y hasta el juicio y fusilamiento del general Arnaldo Ochoa en 1989 en un oscuro caso de narcotráfico.

 
 

Eso fue lo que conoció el cubano de a pie. Para la élite del régimen, Raúl se convirtió en el presentador de un vídeo de seis horas que mostraba, entre otros hechos, conversaciones telefónicas y vídeos grabados por la inteligencia cubana a Lage, a Pérez Roque y a Rodríguez Estenoz, además de a Carlos Valenciaga, jefe del despacho personal de Fidel.
Para la sub-elite, el vídeo acusatorio fue menos extenso: tres horas eran suficientes para compartir con dirigentes y militantes de menor rango la trama acusatoria.

La estrella principal del vídeo es el ingeniero cubano Conrado Hernández, quien fungía como representante en Cuba de la Sociedad para la Promoción y Reconversión Industrial (SPRI) del gobierno vasco.
 
 
La telenovela policíaca de Raúl revela que Hernández era también una fuente de información para los agentes españoles de inteligencia, radicados en la Embajada de España en La Habana. 
 

Su esposa Amalia, teniente coronel del ministerio del Interior, trabaja en el CIMEQ, donde estuvo hospitalizado Fidel y Hernández tenía fácil acceso a Lage, su amigo desde los tiempos universitarios.

 Para darle más contenido dramático al argumento de espionaje y conspiración, Hernández había sido arrestado el 14 de febrero en el aeropuerto de La Habana, cuando intentaba viajar a Bilbao y aparece en el vídeo admitiendo que fue captado por el servicio español de espionaje. 

No está todavía claro si el arresto se produjo en compañía de su esposa o de su amante, una empleada del SPRI, residente en el Vedado. Tampoco está claro si la inteligencia cubana comenzó a investigar a Hernández, denunciado por los celos de la esposa cuando se supo traicionada.

La explicación oficial sugiere que sorprendido por sus actividades de espionaje, Hernández se convirtió en un informante de la contrainteligencia cubana. En concreto fue usado para grabar las conversaciones con sus amigos, que sirvieron a Raúl para descabezarlos.
 
El “delito” de Valenciaga fue celebrar su cumpleaños, el 16 de septiembre de 2006, con una botella de ron, mientras el Comandante en Jefe se debatía entre la vida y la muerte en la habitación contigua.
 
 
La “deslealtad” de Lage fue compartir con el resto, incluido su primo el doctor Raúl Castellanos Lage, su decepción cuando supo que Raúl no lo quiso de segundo a bordo del Consejo de Estado.
 
Las “traiciones” de todos se enmarcaban en las críticas y las bromas contra los viejos dirigentes del régimen.
 
Raúl Castellanos Lage, ex miembro del Comité Central del Partido y hombre de confianza de Aldana en los 90, fue también a dar con sus huesos a Villa Marista. Dos años después, en marzo de 2011, fue liberado sin cargos, sin explicaciones y por supuesto sin compensación. 

De Hernández se dice que fue juzgado en abril de 2011, con una petición de 20 años de cárcel, acusado de espionaje. Nadie sabe con certeza dónde se encuentra recluido, bajo qué condiciones y si de veras lo está.
 
En todo caso, resulta curioso anotar que España ha sido relacionada de una u otra forma por Raúl con las  purgas políticas de altas figuras del castrismo, que aspiraban a la sucesión: Robaina con Matutes en 1999, y Lage y compañía en 2009 con los servicios españoles de inteligencia. El primero, durante un gobierno dirigido por el Partido Popular; el segundo, por el Partido Socialista Obrero Español.

 

 




[1] Roberto Robaina. Conferencia de Prensa. Ciudad México. Notimex. 25 de septiembre de 1992.
 
[2] Mauricio Vicent. “Castro expulsa del partido a Roberto Robaina ex ministro de Exteriores”. El País. Madrid, 2 de agosto de 2002.
[3] Idem.
[4] Nota oficial del Consejo de Estado. Granma, 2 de marzo de 2009.
[5] Reflexiones del compañero Fidel. Cambios sanos en el Consejo de Ministros. Granma, 3 de marzo de 2009.
[6] Idem.

2 comentarios:

  1. Excelente trabajo. De hecho el libro — Fidel y Raúl, Delirios y Fantasías — es de consulta por el despliegue de reseñas. La conclusión que puede sacar el lector es simple: La nación no ha dejado de estar en manos del jefe tribal y regida por un código gótico. Y pensar que el tristemente célebre Dorticós, que llegó a creerse en serio que era presidente. Saludos.

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    1. Gracias amigo. Una sorpresa y un alegría al mismo tiempo, reencontrarte en el ciberespacio.

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