viernes, 17 de enero de 2014

Fidel y Raúl (VI). La fiebre de los pastos

La fiebre de los pastos


Toda la gloria del mundo cabe en un grano de arroz.
José Martí

Observé la cantidad de proteínas que hay en una libra de frijol de soya (soja) y en una libra de maíz.
Fidel Castro


El hombre que descendía sonriente del avión de Cubana de Aviación tenía una complexión robusta que transpiraba salud y entusiasmo.
 
Con 61 años de edad bien empleados, Andre Voisin llegó a La Habana una de esas hermosas tardes, de sol dorado, características del invierno tropical cubano. Era el 3 de diciembre de 1964. Imposible imaginar que 18 días después estaría muerto.  

Al pie de la escalerilla lo esperaban Fidel y los más altos funcionarios del gobierno. Los rayos del sol, que comenzaba a ocultarse  tras las palmeras dibujadas en el horizonte del Aeropuerto Internacional José Martí  iluminaban  la escena digna del recibimiento a un Jefe de Estado.
 
Del brazo de su esposa, Marthe Rosine Fernagú , Vosin apenas tuvo tiempo de percatarse del entorno oficial. Tras el abrazo de bienvenida, lo introdujo alborozado en su auto oficial y partió velozmente hacia el Palacio de la Revolución.
 
Después fue la cena y una larga sobremesa. Doce horas de conversación ininterrumpida, típicas de la incontinencia verbal de Fidel, sumadas a otras tantas del vuelo París-La Habana.  Al fin, cuando el amanecer comenzaba a insinuarse por el oriente, el científico francés se retiró al hotel a descansar.



A partir de entonces su breve estancia en Cuba estuvo jalonada de giras diarias por las fincas ganaderas que le mostraba Fidel. Conferencias en la Universidad de La Habana, entrevistas en la televisión nacional. Así hasta que Voisin sufrió un fulminante infarto masivo del miocardio.

 Voisin fue sepultado en el Cementerio de Colón el 21 de diciembre de 1964, dicen que respondiendo a su deseo de ser enterrado en el lugar donde lo sorprendiera la muerte. La Universidad de La Habana le confirió el título de Doctor Honoris Causa en Medicina Veterinaria y la Asociación Cubana de Producción Animal lo nombró su presidente honorario.

 Qué le produjo la muerte? Quizás la fatiga del viaje, sumada a la largas veladas nocturnas y los días de intensos recorridos y conferencias. Quizás fue un lamentable suceso orgánico.Tal vez la emoción de encontrarse en Cuba, junto a Fidel, el hombre que ordenó imprimir decenas de miles de ejemplares de sus libros de agricultura, de investigaciones con los pastos, los suelos y los animales; el hombre que lo había convertido en poco menos que un dios en aquella isla caribeña.

Nacido en la región francesa de Dieppe, el 7 de enero de 1903, Voisin se graduó de ingeniero agrónomo y enseñó bioquímica en la Escuela Nacional de Veterinaria de Francia y en el Instituto de Medicina Tropical de París. Miembro de la Academia de Agricultura y miembro honorario de la Academia de Ciencias de Francia, este bioquímico agrícola fue sobre todo un agricultor, ganadero, que dedicó la mayor parte de su tiempo observando a sus propias reses  y la relación suelo-pasto, en la finca que poseía en Normandía.

 Sus estudios y observaciones las plasmó en libros, como “Suelo, Hierba y Cáncer’’ o “Dinámica de los Pastos’’, que llamaron la atención de Fidel, quien de inmediato se convirtió en su más ferviente discípulo.


Eran los tiempos en que Fidel estaba inmerso en sus experimentaciones genéticas y  agrícolas, distante de la rutina cotidiana del gobierno.

Acunada por la Unión Soviética, Cuba disfrutaba en ese entonces de una relativa estabilidad en el campo internacional, mientras que la oposición interna había sido quebrada por la represión.

Atrás habían quedado la invasión de Bahía Cochinos (1961) y la Crisis de Octubre (1962), el presidente norteamericano, John F.Kennedy, había sido asesinado en Dallas en noviembre de 1963 y la Guerra de Viet-Nam comenzaba a acaparar toda la atención de Estados Unidos, que en cumplimiento del Pacto Kennedy-Kruschev,  desmantelaba sus planes de desestabilización contra el régimen castrista.

En su obsesión por descubrir la fórmula para crear vacas lecheras de altos rendimientos Fidel llegó a la obvia conclusión de que los animales, como los seres humanos, somos lo que comemos. La alimentación de su ganado ocupó su tiempo. El dilema a resolver se debatía entre las gramíneas y las leguminosas. Deshojando esa margarita en sus noches de insomnio, Fidel llegó a calcular “que cantidad de leche podría obtenerse por libra de maíz, o de frijol de soya’’.





Al hacer esos estimados, observé la cantidad de proteínas que hay en una libra de frijol de soya, y en una libra de maíz y la cantidad de soya y maíz que podría producirse en una hectárea, asumiendo una cosecha óptima…y me di cuenta de que la leche iba a salir del pasto, principalmente; me di cuenta de que las superficies destinadas a pasto, con rendimientos normales, iban a producir mucha más leche que las superficies destinadas a granos, suponiendo rendimientos óptimos.  Y no solo eso, sino que la superficie destinada a pasto iba a producir una leche mucho más barata, puesto que lo otro habría que sembrarlo todos los años, dos veces al año, mientras el pasto se iba a sembrar una vez.

            Fue así como se me despertó un extraordinario interés por la importancia de los pastos,  y por eso, cuando cayó en mis manos el libro “Dinámica de los pastos”, me interesó aquello.[1]

Por esa puerta entró Voisin en la vida de Fidel y en la ganadería cubana. Así nació la técnica del ‘’pastoreo intensivo’’ que puso fin a la ganadería extensiva practicada hasta entonces en Cuba.

La fórmula consiste en crear  determinada cantidad  de “cuartones’’ por hectárea  donde  pastará el ganado en una rotación continua, de manera que cuando concluye un ciclo la hierba del primer “cuartón’’ ya debe estar lista para alimentar de nuevo a las reses.

 Las teorías de Voisin, aplicadas por Fidel, transformaron radicalmente el paisaje ganadero cubano. Las extensas llanuras de potreros quedaron reducidas a cuartones cercados por alambre de púas. El ganado que hasta entonces pastaba libremente en toda la isla, fue minuciosamente encerrado en esos cuartones. Todas las fincas ganaderas cambiaron sus pastizales para adaptarlas a la teoría del pastoreo intensivo diseñada por Vosin.

 Inspirado en los estudios de Voisin, Fidel ordenó formar miles de técnicos en pastoreo. Su sueño de entonces era lograr que al frente de cada parcela de pastos hubiera un técnico familiarizado con sus tesis, con laboratorios a su disposición para todas las investigaciones necesarias.

 Un total de 5,000 trabajadores del sector ganadero y otros 2,000 estudiantes procedentes de la enseñanza secundaria  fueron enviados a cursar estudios basados en el pastoreo intensivo.


Tres de los libros de Voisin, publicados en francés, fueron traducidos al español y Fidel ordenó publicar 20,000 ejemplares de cada uno de ellos: Productividad de la Hierba, Suelos y Rotación de los Pastos y Dinámica de los Pastos.


           Ahora está en marcha un programa de entrenamiento técnico para que cada parcela de tierra, en cada finca, en cada lote, pueda contar con un técnico. Llegará el día en que cada  lote tendrá un técnico bien entrenado en esta filosofía: producir en cantidad y con calidad. Estos técnicos contarán con todos los recursos necesarios, con cuantos laboratorios y cuantas investigaciones sean necesarias.[2]



[1] Fidel Castro. Discurso pronunciado en la Inauguración del Ciclo de Conferencias  "Influencia del Suelo sobre el Animal a través  de la s Plantas", efectuadas en el Salón "Camilo Cienfuegos" del Colegio Médico Nacional, el día 8 de diciembre de 1964.
[2] Ibid
 





Ese fue el principio del fin de la ganadería cubana.

 
Cuando Fidel tomó el poder en Cuba, la isla disponía de una masa ganadera vacuna, de poco más de seis millones de cabezas de ganado. Una proporción de una res por habitante.

 Cincuenta y dos años después la población cubana casi se ha duplicado, mientras que la masa ganadera se ha reducido a la mitad de la que existía en 1959, de acuerdo a las más recientes cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba.[1]

 
En busca del pasto idóneo con el que debía alimentarse el ganado cubano, Fidel ensayó en varias parcelas agrícolas, casi en condiciones de laboratorio, la siembra de alfalfa, de kudzú, de napier y de pangola.

              Se sembrarán en el próximo año cerca de 20 000 caballerías de pastos, se sembrarán en el próximo año cerca de 150 millones de matas de café, y por el estilo.  Un incremento considerable, no solo en la superficie de siembra sino en las técnicas de siembra, en el empleo de los fertilizantes, tendrá lugar ya en el próximo año.[2] 

 Surgieron por doquier las escuelas de Suelos y Fertilizantes cuyos técnicos se formaron en las investigaciones de Voisin y las recomendaciones de su alumno aventajado.

 Surgieron también las discrepancias con los académicos y los científicos agrícolas como sucedió antes en el caso de los cruces genéticos.


Y existen leguminosas que se pueden cultivar en nuestro clima; nosotros, por ejemplo, hemos probado la alfalfa con increíbles rendimientos; alfalfas adaptadas a nuestro clima, que se han desarrollado magníficamente en estos meses llamados de invierno; y no solamente en estos meses, sino incluso en los meses de verano.  Hemos sembrado alfalfas a las que se les han dado hasta 11 cortes en un año. 

Días atrás, conversando en esta universidad, les explicaba esto a un grupo de estudiantes, y un profesor universitario dijo:  “No, eso es imposible; en Cuba nunca se ha dado la alfalfa.”  Y yo le dije a aquel señor —no me quise poner bravo, porque sin quererlo me estaba diciendo que era un mentiroso—, yo le dije:  “¿Cómo usted se atreve a hacer afirmación?  ¿No comprende usted que quedaría muy mal delante de todos estos estudiantes si yo le demuestro que es rigurosamente exacto y lo llevo a donde está esa alfalfa, con 11 cortes en un año y una magnífica población, un magnífico color?  [3]

 Siempre pensando en términos grandiosos, Fidel ordenó sembrar de miles de hectáreas de pastos en todo el país, con riego y fertilización adecuado para mantener su productividad durante todo el año. 

Dicho sea de paso, un grupo de profesores y alumnos de la Escuela de Biología de la Universidad de La Habana nos están ayudando en un trabajo para aislar las bacterias nodulares de la alfalfa, del kudzú y de la conchita azul.  Ya han aislado las bacterias nodulares del kudzú, entre ellas las razas más activas, y por ello pensamos, aspiramos a resolver los problemas prácticos que nos permitan sembrar esas 5 000 ó 6 000 caballerías de leguminosas con semilla inoculada.  Es decir, que esto significará un considerable avance en la técnica agrícola:  la siembra de una leguminosa con semilla inoculada de bacterias nodulares seleccionadas.  Porque lo que hacen los biólogos con ese tipo de bacteria es una especie de genética bacteriana. [4]



[1] Oficina Nacional de Estadísticas. Junio 30 de 2010.Existencia de ganado vacuno: 3’ 960,400  cabezas de ganado.
 
[2]  Fidel Castro. Santa Clara, 9 de diciembre de 1966.
[3] Fidel Castro. Discurso pronunciado en la Universidad de La Habana. 18 de diciembre de 1966.
[4] Ibid





Esa visión costó el descalabro de convertir zonas arroceras en pastizales, para aprovechar sus sistemas de riego y la calidad de sus suelos. A fin de cuentas por ese entonces la China Comunista de Mao Tse Tung había garantizado a la Cuba Socialista de Fidel el suministro de todo el arroz que consumieran los cubanos.

 
Había espacio para soñar.

 
            Baste decir que para el año 1971 estaremos aplicando tanto nitrógeno como el que aproximadamente aplica hoy Francia a toda su agricultura.  Esto es para tener una idea acerca de si vamos o no en serio, si vamos o no en serio a un desarrollo impresionante de la agricultura.  Estaremos aplicando para 1971 una cantidad de nitrógeno igual a la que aplica hoy un país de unas seis veces más habitantes que nosotros y que es, además, uno de los países agrícolas más desarrollados de Europa.  Y esto no es para el 1990 ni para el 2000, esto es para dentro de cuatro años. [1]

 
Ni en cuatro ni en cuarenta años después se cumplió esa profecía. En cuanto al arroz prometido por la China de Mao, la historia fue diferente, pero sirvió para una nueva utopía fidelista.
 

En un país donde la memoria histórica está secuestrada en las hemerotecas desde hace medio siglo casi todo se olvida.
 

Quizás por eso poco antes de caer gravemente enfermo, Fidel recibió en primicia el Premio a la Excelencia Andre Voisin, instituido por la Sociedad Cubana de Pastos (SOCUP).

            La SOCUP destacó que, además de haber sido un aventajado alumno del investigador galo, el mandatario cubano es incansable defensor del uso del pasto y los forrajes para la producción de leche y carne, así como también de la aplicación de los métodos de Voisin para el desarrollo de la ganadería vacuna en la Isla.[2]

 

 



[1] Ibid
[2] Agencia Cubana de Noticias. La Habana 11 de abril de 2006.


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