viernes, 24 de enero de 2014

Fidel y Raúl (VII) Tiempo para desbrozar


Continuación del libro Fidel y Raúl, Delirios y Fantasías
 
 
 
Tiempo para desbrozar

“De manera que en 1970 se le podrá dar la vuelta a la isla, completa, sin tocar la Carretera Central.  Se podrá salir de Baracoa y dar la vuelta por todo el sur de la isla, llegar a Mantua, y regresar a Baracoa sin tocar la Carretera Central (APLAUSOS)”.
Fidel Castro. 30 de octubre de 1967.
 
En el  otoño de 1967, Fidel ordenó la mayor tala de bosques, arbustos y malezas que ha existido en la historia de Cuba.
 
La causa precisa de aquel desmonte nacional todavía no está clara. Quizás fue el impulso vital del poder concentrado en un hombre de ideas grandiosas, obsesionado con enfrentar retos extremos. Empeñado en luchar contra molinos de viento.
 
Tal vez se trató de una reacción furiosa y destructora para aplacar su ingenuo error de confiar en la solidaridad internacional del proletariado por parte de los compañeros comunistas chinos.
Qué relación puede existir entre un conflicto político-diplomático y una deforestación a gran escala? Ninguna;  pero la soberbia une a veces los hechos más inconexos que pudieran imaginarse. Así es que entre la vanidad obsesiva del poder y el orgullo herido se encuentran las causas de aquel descalabro.
 
Ambas posibilidades están registradas en sus discursos de la época.
...es el resultado de la magnitud de los planes que nos proponemos llevar adelante, es el resultado de la necesidad de desbrozamiento de tierras que tiene el país…[1]
 
Los especialistas y técnicos que han vuelto sobre el tema concluyen que no existía tal necesidad. Tierras fértiles, disponibles para el cultivo, había suficientes en Cuba en aquellos días…pero no tantas como para satisfacer las necesidades imaginativas de Fidel.
Sus planes para sembrar decenas de miles de hectáreas de pastos y de caña requerían arrasar con los pocos montes vírgenes que quedaban en el país, los árboles frutales y de sombras, desbrozar el marabú, los arbustos y las malezas a todo lo largo y ancho de la isla.

El conflicto con China, además, hacía urgente disponer de miles de hectáreas para fomentar la siembra de arroz, despejar las zonas boscosas para construir caminos; carreteras para facilitar las comunicaciones y gigantescas represas para garantizar el riego de los cultivos.


El problema del arroz había comenzado un año antes de que Fidel ordenara el desmonte nacional,  cuando Cuba y China renovaron sus acuerdos comerciales para 1966. Años atrás Fidel había gestionado con el camarada Mao intercambiar dos libras de azúcar cubano por cada libra de arroz chino.
 
El negocio parecía marchar de maravillas; tanto que en 1965, China exportó a Cuba 250,000 toneladas de arroz. La vida está llena de imprevistos y ese mismo año los chinos dijeron que no se trataba de un convenio a largo plazo, como pensaba Fidel, sino de un acuerdo excepcional.
 
De la noche a la mañana, las exportaciones chinas de arroz se redujeron a la mitad y Cuba se quedó sin el arroz que el  taimado Mao le prometió al cándido Fidel. Que decepción para el joven idealista que le propuso el intercambio al curtido comunista chino confiado en que, en el mundo de la política real, se practicaba el principio marxista de la división internacional del trabajo que pregonaban los pueblos hermanados bajo la bandera roja del proletariado.
 
Sinceramente, cuando planteé aquello —y basado precisamente en el fundamento de conveniencia mutua—, no era mi idea la de que se aceptaba por un año; sinceramente, creí que aquella era una proposición considerada con sentido perspectivo y a largo plazo.  Por eso, no de una manera ingenua —aunque sí ha resultado ser de una manera ingenua— se planteó sobre esa base el intercambio de este año. [2]
 
Fidel ordenó reducir el consumo de arroz de los cubanos, hasta que la producción nacional pudiera satisfacer las necesidades del consumo interno ; o bien ir a la sustitución de ese tipo de alimento por otro tipo de alimento (APLAUSOS).  Al fin y al cabo, debemos hacer lo que más convenga a nuestra economía, a nuestro estándar de vida, a nuestra salud (APLAUSO.¨[3]
 
Quizás por aquello de que “a falta de pan, casabe”, imaginó que sustituir los hábitos de consumo de los cubanos sería un acto de magia revolucionaria sacada del sombrero de su poder de convicción. Imaginado y dicho, ante una masa de partidarios que lo escuchaba encantada y que estalló en  aplausos de aprobación.
 
 
Un pueblo revolucionario que cambia las instituciones —instituciones de siglos—, que remueve una sociedad y la cambia y la sustituye por algo nuevo, que cambia ideas añejas y reaccionarias de siglos por ideas nuevas, ¡cómo no ha de ser capaz de cambiar un hábito de consumo de un artículo que no es esencial para la salud del pueblo!  (APLAUSOS.) [4]
 
Por supuesto que la propuesta no pasó del entusiasmo discursivo. Los cubanos no cambiaron nunca sus hábitos de consumir arroz, que es el plato nacional por excelencia, aunque eso sí, quedó racionado desde entonces.
 
Hipótesis y teorías aparte, la fantasía cobró vida y fue bautizada como Brigada Invasora Ché Guevara. Hacía apenas tres semanas que el aventurero argentino había muerto en Bolivia en su intento de crear una guerrilla continental para implantar el comunismo en América Latina.
 
La brigada de maquinarias comenzó su trabajo en un lugar nombrado la Concepción, a  54 kilómetros de la ciudad de Bayamo, el 30 de octubre de 1967. Como de costumbre Fidel  inauguró el evento con un largo discurso en el que daba pormenorizada cuenta del futuro y del presente arrollador que comenzaba.
 
Para las primeras jornadas se reunieron 159 equipos pesados, además de todos los recursos necesarios para su mantenimiento y reparación. En enero ya sumaban 250 y en abril se agregaron otros 250 tractores de estera todos comprados a la firma francesa Richard.
 
De manera que contaremos con una unidad de maquinaria que dispondrá de 500 máquinas de estera, además de todos los equipos adicionales y de todos los camiones y demás equipos necesarios. 
A nuestro juicio esta unidad de maquinaria agrícola constituye la más grande unidad de esta índole que se haya organizado en ningún país del mundo (APLAUSOS), o, al menos, no tenemos noticias de que en ningún otro sitio haya operado una unidad de semejante magnitud.[5]
 
Como todos los planes que llevaron el sello personal de Fidel el desmonte se convirtió en una epopeya de magnitudes nunca antes vista. También había descubierto, él solito, con esa imaginación tan fértil, una nueva forma de emplear las maquinarias agrícolas para hacerlas más efectivas.
 
Consideramos que, como resultado de esa nueva concepción, el empleo de esta maquinaria rendirá, por lo menos, cinco veces más de lo que habría podido rendir de acuerdo con las viejas concepciones.[6]
 
El mando de la brigada de maquinarias se puso en manos de las Fuerzas Armadas. Esa fue otra originalidad del proyecto que Fidel calificó como “el hecho más revolucionario”. Algo semejante no había sido puesto en práctica nunca antes en ningún país del mundo.
 
 
 
Los tanquistas se convirtieron en operadores de tractores y los zapadores y expertos en explosivos, hicieron volar por los aires los añejos troncos que se resistían al paso de las esteras y las cuchillas de los buldóceres.
 
Una gigantesca bola de hierro de ocho toneladas atada a poderosas cadenas que movían los equipos arrastratanques, arrasó las llanuras y los montes de la isla.
 
 Quizás lo más revolucionario es el hecho de que esa brigada va a estar dirigida por oficiales de nuestro Ejército Rebelde y va a estar tripulada fundamentalmente por soldados que han adquirido experiencia en nuestras unidades de tanques y en nuestras unidades motorizadas acerca del manejo de estas máquinas (APLAUSOS), unido a un grupo selecto de operadores, que solicitaron ingresar en esta brigada, con una vieja experiencia en el manejo de los equipos pesados.De manera que en el día de hoy se inicia un tipo de actividad nueva por parte de nuestro ejército revolucionario, como una importantísima contribución al desarrollo de la economía nacional. [7]
 
No es ocioso recordar que esa “contribución” de los militares “al desarrollo de la economía nacional” se extiende hasta nuestros días y abarca todos los sectores productivos y de servicios del país, además del control de las instituciones políticas y administrativas del gobierno. Cualquier semejanza con el militarismo fascista es quizás pura coincidencia.
 
Y como del ejército se trataba, el avance incontenible de la columna invasora era recogido cada día en la prensa oficial, con el mismo estilo empleado para informar de operaciones militares.
 
Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba se lució en sus títulares que daban cuenta del “area de operaciones”[8] de la brigada; comparaba su incursión por toda la isla con las acciones militares de los generales mambises Antonio Maceo y Máximo Gómez, durante la Guerra de Independencia y las guerrillas de Castro [9] y remataba con un “peine forestal” para dejar sentado que por donde pasaba la brigada no quedaba en pie ni un humilde plantón de malezas.[10]  
 
De la brigada se escribirá la historia día por día.  Películas y documentales serán tomados con vistas de todas las regiones donde van ustedes a trabajar, y se seguirá paso a paso el proceso desde los campos de marabú hasta los arrozales, los algodonales, los cañaverales, los frutales y todo lo que irá surgiendo a su paso.  Y ese documento será un documento histórico. 
Y estamos seguros de que esta experiencia que nosotros estamos adquiriendo aquí será el día de mañana útil también a otros pueblos.[11]
 
Dos meses después de comenzar su trabajo la brigada ya había desbrozado 4, 236 caballerías, sólo en la entonces provincia de Oriente, pero Fidel se encargó de recordar que la meta que tenían por delante era gigantesca.
 
 Aún restan por buldocear en el país para ponerlas cuanto antes en producción, con la urgencia que nuestras necesidades lo imponen, con la urgencia que nuestros deseos de avanzar el máximo nos exigen, quedan por desbrozar 58 000 caballerías de tierra. [12]
 
El desmonte nacional consumió enormes recursos económicos y financieros, sin lograr resultados. Su peor impacto, sin embargo, se produjo en el medio ambiente. La infertilidad de los suelos agrícolas cubanos y la desertificación que hoy se extiende por toda la isla tiene sus raíces en aquellos experimentos, como aseguran los especialistas que han estudiado el tema.
 
 
Entre los planes no realizados o dejados a medias se cuentan: la desecación de La Cienaga de Zapata, la creación de un lago de agua dulce en la Bahía de Nipe y el “Canal Cuba” de circunvalación, este último con el propósito de que los ríos no desembocaran en el mar. Entre los llevados a la práctica están los desmontes mecanizados de la llamada “Brigada Invasora Che Guevara” que según cálculos aproximados, entre los años 1967 y 1969, destruyó unas 180 mil hectáreas de bosques naturales la mayoría de las cuales son en la actualidad zonas de suelos improductivos donde se manifiestan signos de desertificación.[13]
 
Años antes de que Fidel decidiera la tala nacional para abrir caminos a sus sueños, había dibujado a los cubanos un paraíso forestal, que rescataría nuestros bosques y pondría en orden la ecología nacional; en perfecta conjunción con sus necesidades productivas.
 
Para cada promesa siempre hubo un aplauso. Cada una de sus visiones fue acogida como una revelación.
 
Cinco años después de esa visión comenzó el desmonte nacional. Cinco décadas después la realidad es muy diferente de aquellas promesas.
 
Según el Anuario Estadístico de Cuba, la isla cuenta con una superficie agrícola de 6,6 millones de hectáreas, de las cuales apenas 2,9 millones estaban cultivados en 2009.
 
A mediados de 2010 el  director general del Instituto de Suelos, Dagoberto Rodríguez, reveló ante los miembros de la Comisión de Energía y Medio Ambiente de la Asamblea Nacional del Poder Popular que  el suelo constituye el recurso natural más dañado en el país, con el 77% de la superficie agrícola declarada como poco productiva, mientras el agua resulta el más amenazado.[14]
 

 



[1] Fidel Castro. Discurso inaugural de las actividades de la Brigada Invasora de Maquinarias. Bayamo, Oriente, 30 de octubre de 1967.
[2] Fidel Castro. Discurso Plaza de la Revolución. La Habana 2 de enero de 1966.
[3] Ibid
[4] Ibid
[5] Fidel Castro. Discurso. 30 de octubre de 1967, Bayamo, Oriente.
[6] Ibid
[7] Ibid
[8] Opera la brigada invasora Ché Chevara en área de mil caballerías que serán sembradas de arroz. Granma, 6 de noviembre de 1967. Pág.4
[9] Brigada Invasora Che Guevara: De Oriente a Occidente rememorando las invasiones del 95 y el 58. Granma, 1ro de noviembre de 1967. Pág. 3
 
[10] Siguiendo a la Brigada Invasora Che Guevara: Peine forestal. Granma, 11 de enero de 1968. Pág.3
 
[11] Fidel Castro. Discurso. 30 de octubre de 1967.
[12] Fidel Castro. Discurso en Jobabo, Oriente. 24 de diciembre de 1967.
[13] Eudel Cepero. Consideraciones ambientales para la transición cubana. Pág. 8. Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos, Universidad de Miami.
[14] El patrimonio natural cubano precisa ayuda. Granma, 30 de julio de 2010. Pág.3

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