sábado, 5 de abril de 2014

Yetel y el desconcierto juvenil cubano.

Ella es Yetel, y tiene un blog titulado Sucede acá que define como "una propuesta para curiosos, nostálgicos, obstinados, quejosos, y optimistas".

"Es un espacio para hablar de economía doméstica, convivencia y género desde mi perspectiva de “cubana de a pie” y desde el lugar donde me encuentre. Ese lugar hoy es la oriental ciudad de Las Tunas, donde ritmo, calidad de vida, acceso a la información y oportunidades difieren mucho del rostro más visible de Cuba, La Habana.

La misión es contarle historias que alguien vive o con las que convive, de modo que ante las formas en que asumimos los roles de ser hombre o mujer, ante las maneras en que nos violentamos o permitimos que otros nos violenten, y ante las situaciones que parecen insignificantes e inamovibles, pero que estresan, obstaculizan y cambian el rumbo de la vida, se pregunte siempre ¿por qué?, ¿por qué?, y ¿por qué?
Yo soy Yetel, una chica que ama la vida, cree en Dios y confía en que un mundo mejor es posible si nos empeñamos en hacerlo.
Bendiciones y bienvenido.




Yo leo Sucede acá desde que salió a la palestra y creo que, en efecto, tiene en efecto una propuesta novedosa. También me parece que su autora, aborda con cierta contradictoria candidez, temas complejos de la convivencia social, de la cotidianeidad cubana. Pero bueno esa es mi perspectiva. Yetel tiene la suya, muy respetable.

Lo digo porque en este post titulado Háblenles de orgías también, que a lo mejor se cuidan más, que hoy reproduce El Timbeke, Yetel hace ese tipo de afirmaciones que a mi me suenan, por lo menos cándidas, y eso para no decir que Yetel, utiliza los eufemismos con demasiada ligereza. 



 Yetel se refiere a Esa mentalidad tan abierta, hablarnos del despelote moral en que vive hoy un amplio segmento de la juventud cubana. Ni Yetel ni su prima participan en tríos sexuales aunque según dice, no es que yo tenga nada en contra de las personas que hacen eso. Yetel si que es cuidadosa a la hora de repartir calificativos. Quizás por eso califica de desinhibidas las fiestas juveniles que ella misma dice que son "espacios en los que divertirse solo puede ser sinónimo de drogas, bebidas alcohólicas, borracheras, sexo ocasional o grupal, desnudos y experimentación sexual en público".

La verdad yo, desde este Timbeke, no entiendo mucho a Yetel, debe ser mi edad, ya estoy muy mayorcito, mayorcito, tercera edad, y la edad de Yetel y sus contemporáneos en estos tiempos que corren parece ser que es la de comprometerse llamando a las cosas por su nombre. 

Termino la muela. Dejo en paz a Yetel. A fin de cuentas nos regaló un pedazo de esa cruda realidad que se vive en la Cuba nuestra de cada día y que muchos desconocemos, porque no hay las Yeteles necesarias, que quieran contarla. Gracias Yetel, a pesar del desconcierto!


Así me lo contó mi prima
Esa mentalidad tan abierta que se está viendo hoy en día, por lo general, se ve en las personas que tú conociste hoy, te acostaste con ellos ya, y mañana le pasas por al lado y ni lo miras. Te pagan -en la discoteca u otro lugar- la comida, la bebida, lo que consumes, y a la hora de irte sabes que tienes que hacerlo. Con esos hombres son con los que suceden esas cosas, te proponen hacer tríos.

Pero, con un hombre con el que tú lleves una relación de cierto tiempo, pienso que sea una falta de respeto, para mí por ejemplo, que mi pareja me diga ahora que quiere tener relación con otra persona de mi mismo sexo. No me gustaría.

Recuerdo un viaje en que yo estaba con un muchacho. Llevábamos como una semana y pico y yo andaba siempre con una amiguita mía. Un día, en una «tomadera», no sé si me lo dijo jugando o me lo dijo en serio, me propuso que mi amiguita y yo estuviéramos con él a la misma vez. Yo me ofendí muchísimo, porque no es que yo tenga nada en contra de las personas que hacen eso, pero para mí no lo veo bien.

No me gustaría hacerlo. Pienso que nunca lo haga. No lo hallo bien. Cada cual hace las cosas que le gustan, como se sienta bien, y disfruta el sexo a su manera. Pero a mí el sexo, para disfrutarlo, es con mi pareja. No pienso que para disfrutar el sexo haya que estar con una mujer o con dos hombres a la misma vez. No me gusta eso.

Así alguien más lo vio
La chica está en el medio, bien pegada al trasero del joven que tiene delante, mientras se lo estruja con el desenfreno -a ritmo de reguetón- de su pelvis y sus caderas. Otro por detrás le estruja el de ella y lo puntea con su pene que, de tanto aprieto, uno no distingue si permanece inmune o está casi a punto de eyaculación.

Bailan en una discoteca sin mirar a los lados y mirados por todos. Su danza perdió -si es que alguna vez tuvo- sensualidad y solo resta tirar la ropa a un lado para descarrilar aquel tren de exhibición.
Las miradas presentes se desvían, a montones, hacia el espectáculo. Algunas son tan severas que podían ser azotes; otras no saben cómo aguantar la indignación y huyen con espanto de aquel salón de perversiones. Las hay que solo muestran asombro, o parecen decir ¡qué locos! y vuelven a lo suyo sin mayor preocupación, mientras ciertas solo aplauden «tanta gozadera».

Toda estrujada, agotada, y aun poseída por el deseo, sale la chica de entre los chicos. Ellos continúan solos el «perreo». Más duro ahora, como si el fuego ganase intensidad. Las risas y los gritos de los amigos son como aplausos llenos de furor. Ambos jóvenes ofrecen una muestra gratuita -cansable para la vista, casi incansable para ellos- de sexo homosexual anal.

Y sigue, sigue, hasta que uno de los dos se aburre y salta sobre una mesa con la chica bajo su control. Al ritmo del reguetón se la viola, cree uno, si no se viera como goza toda la cara de ella.

¿Es mala la práctica o es peor callarla?
Ciertas fiestas se me hacen cada vez más desinhibidas. Espacios en los que divertirse solo puede ser sinónimo de drogas, bebidas alcohólicas, borracheras, sexo ocasional o grupal, desnudos y experimentación sexual en público.

¿Es malo, inmoral, pecaminoso? Algunos dicen que sí; otros, que es rebeldía, aburrimiento, fastidio con las normas, ganas de fastidiar, una fase, o la consecuencia de drogas, hijos mal criados, o malas juntamentas y consumos.

Aún no validamos nuestros espacios públicos para publicitar la intimidad de una relación sexual, pero de vez en cuando alguien nos las publicita y nos recuerda que existen en el interior de un cuarto privado prácticas diversas sobre las que no hablamos con nuestros hijos e hijas y que alguien más les cuenta y hasta les pone como reto para alcanzar estatus, cierta posición e, incluso, placer sexual.
¿Seguiremos callando sobre los tríos, las orgías, y la búsqueda frenética de algunos de una satisfacción y definición en cuestiones sexuales?

La Master en Sexualidad Elia Marina Brito Hidalgo me dice al respecto:
«Somos diversos. Tenemos que estar abiertos a ese cambio, pero -ojo con esto- yo no estoy diciendo que yo apoyo e incito a que ellos tengan ese tipo de prácticas. Se trata de darles herramientas para que ellos sepan definir qué es lo que quieren y si quieren formar parte de esas prácticas, donde por supuesto pueden correr muchísimos riesgos desde lo emocional, desde la salud, porque generalmente, en estas prácticas, no existe el consumo de condón, no se protegen. ¿A cuántos riesgos se están sometiendo?

«Los padres no están en todos los espacios en que están los hijos. Es necesario que la educación de nuestros hijos comience desde edades tempranas, y la educación de la sexualidad también, de cómo buscar una respuesta sexual satisfactoria. ¿Para qué? Para que el adolescente sepa darle prioridad a sus gustos y preferencias».

Algunos piensan que hablar es una manera de llevarlos a ello, pero hay unos cuantos videos musicales, letras de canciones y películas que muy poco tienen de arte, que proponen estas prácticas y son consumidas -ante nuestras narices- por nuestros niños y nuestras niñas.

Le hacen una propuesta de un mundo loco, de puro placer apresurado, impuesto más por lo que otros hacen que por inquietudes propias. Habría que ver qué tan positivo es que otros les lleven de la mano en el descubrimiento -a veces bloqueo- de su sexualidad, en tanto la familia, la escuela, los cercanos, callan sobre qué pueden encontrar en estas ya muy viejas prácticas que los audiovisuales clandestinos y ciertos escenarios nos vuelven a imponer.

Dicen que en el sexo, si se está de acuerdo, casi todo vale. Pero, ¿vale hacer de todo por moda, por fama, por quedar bien, por escalar posiciones, ganar puntos, hacerse el muy macho o la muy loca, sin encontrar en ello una identidad, el máximo placer, espontaneidad, una conexión que muestre la autenticidad de la persona y una sexualidad responsable?

Para algunos lo vale. Toca a la familia preguntarle a sus silencios los porqués.

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