sábado, 31 de mayo de 2014

El mito de la Cuba revolucionaria en vacaciones



Regreso de vacaciones. Para un periodista eso de “dejar de trabajar” porque estás de  vacaciones no es siempre fácil. Las noticias te asaltan en cada esquina, se meten en tu habitación, te persiguen en la tele…Creo que esta vez lo pude evitar, aunque no fue fácil y en ocasiones tuve que hacerme “el sueco” algo casi imposible, por mi temperamento y claro, por mi tipo. 



Hoy regreso a El Timbeke y comparto con ustedes algunos de esos intentos de evadir la realidad cotidiana.

El recepcionista del hotel nos recibe con la acostumbrada sonrisa de ocasión. Habla un inglés que suena como una pedrada, con un acento indescifrable, de tonos italohispanos. Al final el hombre resulta ser cubano. De las blancas arenas playeras de Guanabo en La Habana. Llegó a Roma en 1998 y allí se quedó.

No me pregunta dónde vivo, ni yo le pregunto por qué se fue de Cuba. No es necesario. Ambos lo sabemos. 

De visita en casa de un amigo italiano me encuentro con un revolucionario romántico: Un ejemplar puro, de los que están en extinción, pero que todavía sobreviven en la Europa que no estuvo bajo el dominio soviético.

El hombre quiere una revoluzione en Italia como la de “la bella Cuba”. Clama contra la corrupción, los políticos, sus partidos y sus procesos electorales. Por supuesto que ha viajado a la isla. Recuerda con emoción a La Habana, “bellísima”. Yo callo, pero busca mi opinión. Le doy la razón a sus reclamos, aunque subrayo que, por lo menos, tienen partidos políticos y elecciones donde escoger.
-          ¿  Y de Cuba?, me pregunta.
Muevo la cabeza negativamente. Se que es imposible luchar contra los mitos. Sonrío y lo miro con misericordia, porque acaba de revelarme que cuando comenzó la revolución zapatista viajó a Chiapas a conocer personalmente al sub comandante Marcos...


Por las calles de Roma me encuentro con una gigantesca manifestación de protestantes eclécticos. Hay de todo. Anarquistas, globafólicos, comunistas, ecologistas, y revolucionarios soñolientos. Enarbolan todo tipo de banderas y bailan al ritmo de comparsa. Entre las banderas flota la cara mediática del Ché, con la hoz y el martillo. Me río y me sumo a la comparsa por media cuadra.

En una licorería romana encuentro toda una pléyade de héroes revolucionarios etiqueteando botellas de un vino salido sabe Dios de dónde. Tomo la foto para mi colección de curiosidades.



Un matrimonio argentino, amigos de excursión, me cuenta de sus vacaciones en Cuba. La Habana, Varadero y Cayo Coco. Extraordinarias. Los cautivó el carácter de los cubanos. Eso les queda en el recuerdo. Igual que  la salud pública. La esposa tuvo un problema digestivo en Varadero. El personal del hotel la llevó a una doctora, que le recetó un medicamento. Cuando regresaron al hotel, el medicamento los esperaba ya en su habitación. Tres horas más tarde la misma doctora tocó a la habitación a ver como seguía su paciente.
-          ¿En que lugar del mundo tratan así a los turistas?
-          En ninguno, le respondo.
A fin de cuentas, ellos saben que eso es un espejismo y que a los cubanos les cuesta trabajo encontrar una aspirina para el dolor de cabeza.


El taxista paquistaní que rueda un confortable Mercedes Benz por las calles de Londres, pregunta por la salud de Fidel Castro. “He’s a great man”. No dice mucho más allá de eso, pero asegura que lo admira porque se ha enfrentado a los estadounidenses.

Le pregunto por Pervez Musharraf. Dice que es un militar que gobernó durante años a Paquistán, con mano de hierro, suprimiendo libertades, y que por eso está encarcelado.

!Anjá!, respondo.

En fin, se terminaron las vacaciones. Regreso al trabajo.


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