martes, 10 de junio de 2014

Cuba: Corsarios y Piratas del narcotráfico



Hace un cuarto de siglo Fidel y Raúl Castro montaron la más dramática y peligrosa intriga de la llamada revolución cubana. La mayor purga contras sus compañeros de guerrilla, aventuras militares, generales de academia y funcionarios del gobierno. 

Saturno devorando a sus propios hijos, no por placer, sino para salvar su cabeza. En realidad fue una lucha a dentelladas entre lobos de una misma camada. No hay que equivocarse, ni glorificar a quienes contribuyeron a enterrar la democracia en Cuba y conculcar los derechos de sus compatriotas. Todos los involucrados en ese oscuro y sucio proceso son culpables del naufragio de la nación cubana.



(Los mellizos La Guardia en tiempos dorados. Abajo Fidel y el altivo Ochoa, su fiel servidor)

No es de extrañar que la mayoría de los cubanos que hoy tienen por lo menos treinta años de edad, apenas conozcan de aquellos días que estremecieron a Cuba.

Los regímenes totalitarios se obstinan en borrar la historia y son eficientes en ocultar,con el silencio cómplice de la prensa que controlan, cualquier resquicio de información que se vislumbre en el tiempo.

Todo comenzó el 12 de junio de 1989. Ese día el general de división, Arnaldo Ochoa, era arrestado a las ocho y media de la noche en la sede del MINFAR, y los mellizos Antonio y Patricio de la Guardia, coronel y general, respectivamente, casi a la misma hora en la sede del MININT. Casualidad o cálculo los mellizos cumplían años el dia siguiente.

Hay quienes afirman que Fidel es muy superticioso con eso de la numerología. Todos sus grandes momentos han ocurrido en torno al número 13 o 26. Vaya usted a saber!

Lo cierto es que los arrestos que comenzaron a sacudir la jerarquía militar esa noche y madrugada, fueron el primer acto de la puesta en escena de un guión político escrito a dos manos por Fidel y Raúl, tras largas horas de maquinación.


Ochoa, el aventurero que envió Fidel a Venezuela en los 60, el jefe militar de las tropas intervencionistas en Nicaragua, Angola y Etiopía, Héroe de la República de Cuba, perdía la partida contra el binomio Fidel-Raúl. La misma suerte corría Tony La Guardia, "el chico dorado" del castrismo, sacrificado como ofrenda expiatoria para mayor gloria del castrismo, y que pagó con su pellejo los tambores que rompió, en el nombre de Fidel.
(Ochoa y Castro, haciendo la guerra)

El 14 de junio, en un patético discurso ante la alta oficialidad del país reunida en la Sala Universal de la sede de las FAR el ministro, Raúl Castro, anunció el arresto de Ochoa, nombrado días antes Jefe del Ejército de Occidente. Raúl no habló entonces de narcotráfico, esa acusación vino después, pero le pidió lealtad y obediencia a todos sus oficiales, en el nombre de Fidel.

 Fidel es el papá de todos los cubanos y sus órdenes, encarnan el mandato y la voluntad de la Patria¨, dijo Raúl.

En términos “legales”, los acusados habían traficado con cocaína, lavado importantes sumas de divisas, actos de corrupción que habían puesto en peligro la estabilidad de la nación, y un largo etcétera.

Todos fueron condenados por un llamado Tribunal Militar Especial, en la Causa No.1 de 1989, acusados de traición a la patria y la Revolución, en una maroma judicial ejecutada por el Fiscal General de la República y general de división, Juan Escalona Reguera.

Los Castro llevaron la sanción ante el pleno del Consejo de Estado y sus miembros la ratificaron por unanimidad. Antes, cada uno de los generales cubanos había avalado con su firma la sentencia de muerte de sus colegas de armas.

Apenas bastaron 30 días para que cayera el telón y rodaran las cabezas del general Ochoa el coronel Tony La Guardia y sus respectivos ayudantes, Jorge Trujillo y Amado Padrón.

(Ochoa contrito, menos altivo frente al Tribunal que lo usó como chivo expiatorio)
Fueron fusilados el 13 de julio de 1989. Poco antes de las dos de la madrugada seis soldados al mando del coronel Luis Mesa, descargaron sobre ellos sus fusiles en un potrero cercano a la base aérea de Baracoa en la provincia de La Habana.

La Causa No.1 encarceló a 14 altos militares implicados en el escándalo de narcotráfico. Después vino la Causa No.2, que condenó al fiel cancerbero de Fidel, el general José Abrantes, ministro del Interior y a toda la plana mayor de ese organismo, que fue descabezado en sus niveles provinciales.

Es imposible resumir en tan pocas líneas un complicado proceso que ha generado desde entonces todo tipo de hipótesis, sobre sus orígenes.

Ochoa retó a Fidel. Quiso manejar por su cuenta el negocio del narcotráfico. Quizás ignoraba que el negocio tenía un Padrino. Que Tony La Guardia y su grupo, coordinados por el ministro del Interior, bajo la dirección de Fidel, eran los corsarios de la coca. No había espacio para piratas.

(Gral.Patricio de la Guardia, en el extremo derecho, en Angola)

El analista cubano ya fallecido, Ernesto F.Betancourt, escribió un magnífico prólogo al libro Narcotráfico y Tareas Revolucionarias, del escritor cubano Norberto Fuentes, que resume en apretada síntesis ese proceso.

Mañana El Timbeke reproduce ese esclarecedor prólogo para beneficio de sus lectores.

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