viernes, 31 de julio de 2015

El incierto y caluroso verano para los cubanos de a pie

Ahora que estamos en medio del verano, inaugurando agosto, El Timbeke, reproduce un excelente artículo publicado en el diario 5 de Septiembre de Cienfuegos, con la firma de Julio Martínez Molina, titulado La maldita circunstancia del calor.

La gente busca refrescarse en la playa, pero el calor es inesquivable, con esos soles que castigan, queman la piel y atraviesan la dermis.

No quiero añadir ni una palabra a lo expresado por Martínez, quien con audacia y profesionalismo, nos pinta un cuadro a todo color de esta temporada veraniega en la isla.

Espero que los lectores del El Timbeke agradezcan el texto a Martínez...!

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El verano trae consigo sentimientos encontrados: la alegría por el descanso de los estudiantes tras diez meses de clases, mayor tiempo de reunión familiar y para ver o leer algo de cuanto quedó en agenda, menos tensión —para algunos— desde el punto de vista laboral; pero también temor, un temor que se te impregna en el esternón no más asoma junio y puede convertirse en verdadero pavor al iniciar la llamada “etapa estival”.
Son julio y agosto dos meses temidos desde los tiempos de la colonia, extensos, demasiado extensos, de 31 días (desde el plano psicológico resultan los más largos del año, al menos para muchos de los mayores; no así los niños, a quienes se les van “corriendo”), donde el calor agobia hasta el extremo, con el consiguiente malestar físico y mental constatado por estudios científicos —algunos realizados en Cuba—; y cuando la demanda nutricional del hogar se duplica o triplica, ante la permanencia en casa de los hijos. Nada extra a lo largo de la etapa en oferta alimenticia, a la usanza de antaño; acaso una feria conmemorativa, aunque ya sabemos que una feria no hace un verano; ningún descenso de los topes fijados en nuestras tiendas recaudadoras de divisa. Bueno, a favor del gremio, acotar que el demandado potecito de mayonesa nacional de 275 gramos de 1.45 CUC se ha mantenido, estoico y contra todo pronóstico, en anaqueles durante julio completo. No es lo mismo tirarse con este para untar el pan que con el del mismo gramaje y precio de 1.95 o 2.05, según cadena. Aunque igual sabemos que una mayonesa tampoco hace un verano.
La referida permanencia aludida en el párrafo previo se convierte en obligatoria, a imposibilidad de muchos de vacacionar una semana, ni siquiera tres o cuatro días, en hoteles cubanos cuyos precios para el segmento interno resultan del todo inequivalentes con los ingresos del ciudadano medio de este país, no obstante de momento seamos “el segundo mercado”. Algo lo anterior palpable en la fría estadística, pero con lo cual, me parece, no debemos jactarnos quienes escribimos en los medios, una vez sopesado y escudriñado el fenómeno en términos generales de sociedad cubana y no por parcelas o islotes favorecidos.
El también antes mencionado calor, por su parte, se convierte en inesquivable, a imposibilidad de hacernos de aparatos de aire acondicionado a los cuales quien no recibe remesas o percibe otros ingresos, solo podría acceder mediante un crédito bancario. Mas, luego entre los casi veinte años que estaría pagando el préstamo con sus intereses y el costo de la corriente eléctrica por el uso del equipo solo un rato en la noche, del salario no le quedaría nada. Y sin con el sueldo entero ya es endemoniadamente difícil comprar la libra de guagüí a ocho pesos y la de cerdo a 40, ¿qué sería entonces con la mitad o el 75 por ciento menos de lo devengado al mes?
Todo esto, e igual mucho más, se acumula en el encéfalo a lo largo de la canícula, cuando cuerpo y horizontes se convierten en una suerte de plaza sitiada interna que solo tienen las opciones binarias de rendirse o superarse. Rendirse no le cabe en el diccionario ni al ser más cobarde de este mundo, una vez traspasada la línea de la paternidad; ahora bien, ¿qué hacer, dentro de los márgenes de la ley, para esa anhelada superación proclive a aliviar algo un conflicto émulo de Hamlet, el shakesperiano príncipe de Dinamarca?
La disyuntiva ha transmutado en verdadero nudo gordiano a cuyo desamarre en nada ayudan las temperaturas de 39 grados a la sombra, soles que castigan como si las gentes del Trópico fueran los apestados del Universo, rayos ultravioletas que queman la piel y atraviesan por debajo de la dermis. Tampoco favorecen las en esta época aún más escasas opciones de transporte, las indisciplinas sociales instauradas como modos de vida en el espacio inmediato del ciudadano civilizado, el acorralamiento fratricida de quienes proponen los productos necesarios en cualquier sitio —de mal grado y peor servicio, y a gravámenes indecorosos—, los sueldos que no permiten cumplir un ínfimo porcentaje de los requerimientos hogareños menos suntuosos…
Salvo ligera mengua del termómetro, cuando llega septiembre nada de esto cambia; pero opera a rango supraestructural ese reposo mental que irónicamente debería ir aparejado al estío, mientras a escala cerebral parecen existir transformaciones tendentes a metabolizar el estado de cosas. Entonces sobreviene la bendita rutina (las clases, menos bulla-ambiente, el hecho de que ya casi nadie hable de playas ni viajes…). La vida sigue igual, pero distinta.".

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