sábado, 7 de mayo de 2016

Que hablen los de Cuba por Dentro

En las redes sociales cubanas se está produciendo un debate novedoso. Hay voces de periodistas, que trabajan en los medios oficiales, los únicos que existen bajo el gobierno comunista, que cuestionan lo que hasta hace muy poco, era norma de silenciosa obediencia.
Ese es un debate sano y necesario, en el largo camino de la participación ciudadana hacia una sociedad más abierta y plural.
El autor de este blog, que se lleva muchos años, quizá demasiados escribiendo desde la distancia del exilio sobre la Cuba cotidiana, no quiere intervenir en ese debate. Es justo que hablen los que están adentro. Ahora lo pueden hacer, porque sus voces van a tener más repercusión. Las comunicaciones se abren como efecto del ciberespacio.
El Timbeke quiere contribuir a esa apertura de ideas, a ese debate. La mejor manera de hacerlo es poniendo este espacio al servicio de quienes hablan, alto y claro, desde dentro de Cuba.
Aquí van tres comentarios iniciales, sin más preámbulos.



 ¡Lo quiero en vivo! Blog. A gotas de luz. de Rogelio86

Sucedió otra vez. Desfiló Chanel en solo dos pequeños párrafos del Juventud Rebelde, y ya. La filmación de Rápido y Furioso fue para los cubanos demasiado rápida, pero menos rápida que furiosa, porque a muchos nos dio rabia que se mentara ligeramente, mientras toda Cuba procuraba pormenores.
Ahora sucede casi a diario: Los de afuera les cuentan a los de afuera y a los de adentro qué es lo que pasa en Cuba, porque la prensa criolla calla o dice a medias. La crisis de la política informativa la amordaza.
Un colega reflexionó sobre los destinos de lo abonado por el emporio Chanel o por la taquillera Rápido y Furioso, que recién filmó en La Habana, la misma ciudad que hoy aparece “conquistada” por “el clan Kardashian”, según proclama a todo tamaño un titular del periódico español El País.
Qué triste las omisiones y coberturas superfluas de trascendentes sucesos de corte social, deportivo o cultural. Algo que aprovechan todos menos los medios estatales, que poseen amplias ventajas de distribución nacional sobre todos los que ahora entran en el ruedo de qué ven los cubanos, de cómo piensan.
Las visitas de José D. Abreu, Alexei Ramírez, Yasiel Puig y Brayan Peña, de Beyoncé, Paris Hilton, Naomi Campbell y de Rihanna son muestras del mutis. ¡Silencio fatal!
Pero a veces unos sí y otros no. Vino William Levy hace dos meses y nadie lo supo. En cambio, todos nos enteramos de Olga Tañón, y por estos días nos salió Usher hasta en la sopa, ¡hasta se casó en La Habana! Claro, esto no lo sacaron por ningún sitio. El Orinoco…
Todo el espacio queda para el Paquete, que sigue conquistando, creciendo, es un fenómeno singular en el orbe.
Seguro que quienes deciden sobre qué y cómo se hace prensa en Cuba creen tener razones de peso para obrar así. Quisiera que me lo dijeran, que lo explicaran al pueblo, si es que acaso estas gentes nos están removiendo el piso, porque ahora mismo veo más peligros en su postura que en la de esta gente rica, con todo y que estuvieran empeñados incluso en derrocar el socialismo. La farándula foránea no tumbará nada. En cambio desploma bastante la decisión de callar ante estos sucesos.
A mí no se me ocurre ninguna razón suficiente para tales manejos, pero les aseguro que ninguna supera el tonelaje de poseer la vanguardia informativa en el corazón del pueblo.
La crisis de la política informativa cubana debe cesar. ¿Cuántos quisieron hace unos días ver el desfile de Chanel? Si todos no pudieron pagar la entrada al reluciente Prado, bien hubieran podido ver algo en sus televisores, o al menos sacar del insólito suceso algo más decoroso que la exigua nota del Juventud Rebelde.
¿Qué utilidad tiene estar de moda mediática? ¿Qué nos deja estos multimillonarios? ¿De qué le sirve al pueblo estas visitas? Nadie explica.
¿Y qué dice la prensa cubana? Nada. Calla.
Y si apena que este tipo de acontecimientos se silencien para las mayorías, preocupa que algo similar ocurra con hechos meramente políticos de marcado interés nacional.
Sí, sucedió otra vez. La cobertura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba estuvo por debajo de las expectativas del pueblo.
En los centros estatales, en escuelas, hospitales, terminales y en puestos de trabajo por cuenta propia estuvieron en vela a las 10:00 a.m. para ver la anunciada clausura, donde la presencia de Fidel trascendió al mundo entero. Pero nada. Tuvimos que verlo todo diferido.
Cubadebate se llenó de comentarios donde se criticaba tal decisión, que lamentablemente no era nueva.
Al regreso de los Cinco medios como Rusia Today o la BBC, que mantenía un servicio de información de minuto a minuto, daban al mundo pormenores del restablecimiento de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba y del regreso de los nuestros. En ese orden lógico. “Hablará Raúl a la 1:00 p.m” era lo único que les decían la televisión nacional, la radio y periódicos como el Granma a los cubanos, que en su mayoría sin conexión a Internet, se enteraban de algo más por Telesur.
En la visita de Obama el Granma sí tuvo un minuto a minuto, vía web, pero en la televisión se perdió la oportunidad de un seguimiento esperado por Cuba. Queríamos ver a Obama dentro de la catedral, pero lo que pusieron fue una gala cultural a las afueras de la iglesia. Queríamos verlo entrar en la paladar San Cristóbal, –adonde recién estuvieron las Kardashian y el rapero Kanye West– pero solo nos enteramos por Internet y por el Paquete; igual pasó con el vídeo filmado en Cuba que arrasó en You Tube de Pańfilo con el presidente norteamericano. De memoria flash en memoria flash nos quedó en el recuerdo no solo de la histórica visita, sino de las oportunidades perdidas por nuestros medios de difusión masiva.
A Fidel los cubanos queríamos verlo en vivo. Ponerlo en vivo, ahora mismo no es solo una decisión técnica acertada, sino política. Acercarlo a los niños no solo es responsabilidad de los docentes de las escuelas primarias y secundarias. Cuba quería ver en vivo a Fidel y no pudo. Queríamos vivir el Congreso del PCC como se viven los hechos trascendentales, ¡en vivo! Y no pudimos. No nos hace falta un Quijote para enmendar estos entuertos, porque no es cuestión de tecnología, ni de bloqueo, ni de transporte… Nos hace falta ¡sentido común! Hay que tomar las riendas de un poder inmenso como el de la prensa para labrar una ideología a tono con la vorágine en que vivimos. Estamos en momentos claves. No se debe seguir exponiendo al pueblo a saciar su sed informativa de otros medios, si los oficiales pueden dar primicias, enfoques más amplios, más cercanos en lenguaje, más acertados en intenciones.
¡Ah!, y no se le debe temer al consumo de otra prensa. ¿Acaso no éramos hace poco un pueblo culto?
En los medios hacemos hincapié en ajustar la agenda pública, los intereses del pueblo, con lo agenda mediática, lo que publicamos. Entonces, ¿por qué perder estos grandes acontecimientos para estar cada vez más cerca del público? Cada día crecen para los cubanos las alternativas a los medios oficiales cubanos. Y aumentan y se cimientan por la necesidades informativas y de ocio no cubiertas.
Sé que junto conmigo muchos repitieron y repiten, más ahora que Cuba está de moda mediática, el título de este comentario: ¡Lo quiero en vivo!
Quizás algunos lo digan con la esperanza de que cuando venga Marc Anthony, a lo mejor acompañado por JLo, no se repita la misma historia de medios muertos: ¡Lo quiero en vivo!

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