miércoles, 1 de marzo de 2017

El Profesor y el Profeta



Estos textos que El Timbeke reproduce hoy fueron escritos por el profesor Luis Aguilar León (1925-2008) con quien tuve la dicha y el honor de compartir sus experiencias como periodista y deleitarme con sus conocimientos de historia.

Profesor durante años de esa disciplina en la Universidad de Georgetown, D.C, Lundy ejerció también como periodista y sus artículos engalanaron las páginas, entre otros, del diario El Nuevo Herald, donde fue director de la Sección de Opiniones.



En Televisión y Radio Martí, participé junto a Lundy y a la colega Helen Aguirre, en el programa Actualidad Mundial, que él moderó hasta que le llegó el tiempo del descanso.

De Lundy se puede decir mucho, desde sus años de primaria compartidos con Fidel Castro en el Colegio Dolores, hasta la fina ironía que con destellos de filósofo supo incorporar a su prosa.

Esta brevísima introducción no pretende hacerle justicia a la extensa obra de Lundy, a sus enseñanzas ni a su calidad humana; El Timbeke solo la menciona precisamente como eso, una brevísima introducción, para atrapar en el ciberespacio dos textos esenciales del maestro y amigo, que sin duda servirán para iluminar los senderos de las nuevas generaciones.

Así escribió un día…

“No sé por qué, la imagen de Fidel Castro en su reciente viaje me trajo a la mente un encuentro que tuve en la Universidad de Georgetown cuando, hace un par de años, iba a hablar sobre la Revolución Cubana. Un pequeño grupo de latinoamericanos se me acercó y con un tonillo de irónica insolencia me anunciaron que venían a oír "lo que iba a decir de Fidel Castro un cubano contrarrevolucionario".

"Tal vez se sorprendan" les comenté. "Voy a iniciar mi charla afirmando que, a mi juicio, Fidel Castro es el líder más grande que ha dado la América Latina".
El pasmo esfumó las sonrisas.



"Respetando caracteres y nacionalidades", les añadí,"es posible afirmar que Bolívar, San Martín, Sucre y todos los "liberadores" de nuestro continente no le llegan al tobillo a Fidel".


"Oiga", atinó a decir uno de ellos,"tampoco hay que exagerar".

 "Pero yo no exagero", le dije "¿en definitiva que hizo Bolívar? Arrastrándose hacia el exilio, enfermo y lacerado, él mismo hizo la confesión, había "arado en el mar".

¿Y San Martín?, exiliarse en Francia y negarse a volver jamás a la Argentina. ¿Y los demás?. Los demás fragmentaron el continente creando repúblicas sin ciudadanos y constituciones que terminaban siendo pasto para los caballos de los caudillos. Y, al final, todos esos caudillos de resonantes títulos, "El Supremo", "El Benefactor", fueron mas efímeros que el polvo que dispersa el viento en las desérticas faldas de los Andes."

El grupo desplegó crecientes síntomas de indignación, pero no les di oportunidad de protesta.

"En cambio", proseguí, "¿que ha hecho Fidel?. Fidel ha hecho de todo. Y en todo ha recibido aplauso. Y todavía está ahí en el poder. 

Fidel estremeció a Latinoamérica con sus guerrillas y obligó a todos los países a sacrificar tiempo, dinero y vidas, y cuarenta años más tarde presidentes y pueblos lo tratan con respeto. Desafió al norte y quiso aniquilarlo con la cohetería soviética; y cuando ahora lo visita, las cadenas de televisión se derriten bajo su encanto. Cerró los colegios católicos, expulsó a curas y monjas, arrestó a muchos sacerdotes, impuso el ateismo como la única verdad; y cuando va a Roma ni un índice se alzó acusadoramente. Ha insultado múltiples veces a la Organización de Estados Americanos; y la organización clama por su presencia". 



"Recuerden que Fidel lanzó la única expedición militar que ha salido de la América Latina. Sus tropas llegaron a Angola y a Etiopía, y si no es porque a los soviéticos les temblaron las rodillas y algunos pueblos africanos, como el de Eritrea, no entendieron su mensaje, Fidel hubiera ocupado el trono milenario de Haile Selassie. ¿Se puede ir más lejos partiendo de Birán, en Oriente, Cuba.?"


"Si hubiera podido aplicar sus planes, Fidel hubiera revolucionado a México barriendo la costra corrompida del PRI y eliminado ese jugar a ser izquierda en el exterior y ser todo derecha en el interior. Desde luego, su victoria hubiera evaporado todas las libertades "burguesas" y hubiera extendido sobre México la vieja miseria de los campesinos de Chiapas."

"Según él mismo confesó una vez, en España, donde es tan popular, Fidel hubiera aplastado en diez días a los separatistas vascos y catalanes; establecido una Inquisición atea y, en caso de encontrar resistencia, se hubiera proclamado Califa y llamado a sus amigos árabes para que restablecieran el orden en España." 

"Tales cosas no pudo hacer porque le fallaron los pueblos. En Colombia , por ejemplo, donde las montañas son más altas que en Cuba , un cura siguió el ejemplo de Fidel y se alzó en armas. Seis meses más tarde cayó baleado. En Bolivia , los campesinos se mostraron sordos a las llamadas del Ché. En casi todas partes sus guerrillas fueron derrotadas. Y aún el pueblo ruso se sacudió de encima el poder comunista."

"¿Y Uds. saben por qué Fidel ha llegado tan lejos?".

Los estudiantes seguían ceñudos y silenciosos. 

"Porque Fidel se ha mantenido leal a sus convicciones y no altera ni una coma de ellas. Como Calvino, Fidel cree firmemente que los hombres están volcados hacia el mal, que el odio es más fuerte que el amor, que la envidia aplasta a los que quieren distinguirse, y que el miedo es el más calmante de todos los sentimientos humanos."

"Por eso, mientras otros líderes apelan al sentimiento, Fidel apela al resentimiento. Sus palabras sobre los pobres son siempre un pretexto para fomentar el odio a los que no son pobres. Él, que ni sabe ni puede eliminar la miseria,pero sí puede hacer igualmente miserable a todo el pueblo. Su solución no es mejorar a los que nada tienen sino quitarle todo a los que tienen algo.

Así impuso en Cuba la socialización de la miseria y la igualdad del hambre. Lo cual tiende a eliminar la envidia. De ahí su negativa a hacer reformas y sus esfuerzos por mantener a los cubanos alejados de los centros turísticos para extranjeros, para que no caigan en la horrible tentación de esforzarse en mejorar sus vidas. 

Así concluí y me quedé esperando por algún comentario o pregunta. Pero los tipos se miraron entre sí, hicieron gestos negativos y se fueron musitando discusiones.

Y ninguno asistió a mi clase.

EL PROFETA HABLA DE LOS CUBANOS
Este es, sin duda, el artículo más popular que he escrito en mi vida. Con risueña sorpresa ha llegado a mis manos traducido al inglés, reproducido en revistas y aun citado en un sesudo tratado de Sociología. Pero también lo he visto circular mutilado y, grande villanía, anónimo o con nombres extraños. Para remediar tales agravios, lo reproduzco en su forma original y definitiva.
 
Desde una roca en el puerto, El Profeta contemplaba la blanca vela de la nave que a su tierra había de llevarlo. Una mezcla de tristeza y alegría inundaba su alma. Por nueve años sus sabias y amorosas palabras se habían derramado sobre la población. Su amor lo ataba a esa gente. Pero el deber lo llamaba a su patria. Había llegado la hora de partir. Atenuaba su melancolía pensando que sus perdurables consejos llenarían el vacío de su ausencia.

Entonces un político de Elmira se le acercó y le dijo: Maestro, háblanos de los cubanos. El Profeta recogió en un puño su alba túnica y dijo:



“Los cubanos están entre vosotros, pero no son de vosotros. No intentéis conocerlos porque su alma vive en el mundo impenetrable del dualismo. Los cubanos beben de una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto y se ríen con su música. Los cubanos toman en serio los chistes y hacen de todo lo serio un chiste. Y ellos mismos no se conocen.

“Nunca subestiméis a los cubanos. El brazo derecho de San Pedro es cubano, y el mejor consejero del Diablo es también cubano. Cuba no ha dado ni un santo ni un hereje. Pero los cubanos santifican entre los heréticos, y heretizan entre los santos. Su espíritu es universal e irreverente. Los cubanos creen simultáneamente en el Dios de los católicos, en Changó, en la charada y en los horóscopos. Tratan a los dioses de tú y se burlan de los ritos religiosos. Dicen que no creen en nadie, y creen en todo. Y ni renuncian a sus ilusiones, ni aprenden de las desilusiones.


“No discutáis con ellos jamás. Los cubanos nacen con sabiduría inmanente. No necesitan leer, todo lo saben. No necesitan viajar, todo lo han visto. Los cubanos son el pueblo elegido... de ellos mismos. Y se pasean entre los demás pueblos como el espíritu se pasea sobre las aguas.

“Los cubanos se caracterizan individualmente por su simpatía e inteligencia, y en grupo por su gritería y apasionamiento. Cada uno de ellos lleva la chispa del genio, y los genios no se llevan bien entre sí. De aquí que reunir a los cubanos es fácil, unirlos imposible. Un cubano es capaz de lograr todo en este mundo menos el aplauso de otros cubanos.



“No les habléis de lógica. La lógica implica razonamiento y mesura, y los cubanos son hiperbólicos y desmesurados. Si os invitan a un restaurante, os invitan a comer no al mejor restaurante del pueblo, sino ‘al mejor restaurante del mundo’. Cuando discuten, no dicen ‘no estoy de acuerdo con usted’, dicen ‘usted está completa y totalmente equivocado’.

“Tienen una tendencia antropofágica. ‘Se la comió’ es una expresión de admiración; ‘comerse un cable’, señal de situación crítica, y llamarle a alguien ‘comedor de excrementos’ es su más usual y lacerante insulto. Tienen voluntad piromaniaca: ‘ser la candela’ es ser cumbre. Y aman tanto la contradicción que llaman a las mujeres hermosas ‘monstruos’ y a los eruditos ‘bárbaros’; y cuando se les pide un favor no dicen ‘sí’ o ‘no’, sino que dicen ‘sí, como que no’.

“Los cubanos intuyen las soluciones aun antes de conocer los problemas. De ahí que para ellos ‘nunca hay problema’. Y se sienten tan grandes que a todo el mundo le dicen ‘chico’. Pero ellos no se achican ante nadie. Si se les lleva al estudio de un famoso pintor, se limitan a comentar: ‘a mí no me dio por pintar’. Y van a los médicos no a preguntarles, sino a decirles lo que tienen.

“Usan los diminutivos con ternura, pero también con voluntad de reducir al prójimo. Piden un favorcito; ofrecen una tacita de café; visitan por un ratico, y de los postres sólo aceptan un pedacitico. Pero también a quien se compra una mansión le celebran la casita que adquirió, o el carrito que tiene a quien se compró un coche de lujo.

“Cuando visité su isla me admiraba su sabiduría instantánea y colectiva. Cualquier cubano se consideraba capaz de liquidar al comunismo o al capitalismo, enderezar a la América Latina, erradicar el hambre en África y ayudar a los Estados Unidos a ser una potencia mundial. Y se asombran de que las demás gentes no comprendan cuán sencillas y evidentes son sus fórmulas. Así, viven entre ustedes, y no acaban de entender por qué ustedes no hablan como ellos”.



Había llegado la nave al muelle. Alrededor del Profeta se arremolinaba la multitud transida de dolor. El Profeta tornose hacia ella como queriendo hablar, pero la emoción le ahogaba la voz. Hubo un largo minuto de conmovido silencio. Entonces se oyó la imprecación del timonel de la nave: “Decídase, mi hermano, dese un sabanaso y súbase ya, que ando con el schedul retrasao”.

El Profeta se volvió hacia la multitud, hizo un gesto de resignación y lentamente abordó la cubierta. Acto seguido, el timonel cubano puso proa al horizonte.



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